25 de agosto de 2012

24. Hermanas.



Gastón la había seguido con la mirada, después de decirle que no importaba; dudó si lo habría escuchado, pero, por lo menos, él sí la había oído. Su voz, hacía juego con su cara, era hermosa y lo cautivaba. Volvió a dar una pitada a su cigarrillo, para terminarlo, y después arrojarlo al piso y pisarlo, le extrañó que nadie le dijera nada.

La morocha seguía bailando, él continuaba observándola, no podía no hacerlo. Quiso distraerse, ella ni lo había registrado. Pero, tampoco pudo lograrlo en ese intento. Cuando se estaba autoconvenciendo, que estaba pensando cualquier cosa, la volvió a ver, ahora era ella quien lo miraba y, nuevamente, se acercaba a la barra, más precisamente, a él. Cuando estuvo en frente de su cuerpo le habló.

-Mis amigas se están yendo –comenzó a decir, mientras señalaba con su pulgar hacia la salida, por donde un grupo de personas se estaban retirando del lugar- Y yo, me aburro –en ese momento, el rubio lo comprendió- ¿Bailas conmigo? –le pidió, extendiendo su mano derecha; Gastón, ni siquiera le asintió, se paró inmediatamente, la tomó de su mano, y juntos se dirigieron al centro de la pista.

-¡Mariana! –gritó, un poco, en su oído, mientras bailaban.

-¿Qué? –preguntó el rubio, sin escuchar.

-Que me llamo Mariana, me dicen Lali –dijo con una de las sonrisas que cautivaban a cualquiera.

-¡Ah! –Dijo, comprendiéndolo todo- Gastón, un placer –dijo en su oído, seductoramente.

-El placer es mío –dijo con otra sonrisa en su cara. Definitivamente, ese hombre le había sacado el aire. El resto, había sido historia.

Fin del flashback.

Todavía lo recordaba, todavía la recordaba, pero, ahora con un sonrisa. Ella le había pedido que fuera feliz, por más que le doliera en el alma que no fuera juntos, quería que fuera feliz. Se recostó en su sofá, ahora era su turno de enamorarse y poder ser feliz con alguien lo quiera, más bien, que lo ame.

Mariana tocó la puerta de su cuarto, Rocío la había mandado a llamar con Norma, recordaba que le había pedido hablar con ella y se preguntaba sobre que sería. Lali, todavía tenía un rechazo hacia a ella, pero no tenía pruebas suficientes para comprobar lo que sospechaba. Al no recibir respuesta del interior, ingresó despacio, por si acaso. Allí se encontraba Rocío, sobre su cama, con sus ojos empapados en lágrimas, y con un pañuelo en mano. Lali, se sorprendió ante tal escena, jamás la había visto tan débil y vulnerable a la vez. Se acercó a ella, para preguntarle cuál era el causante de que estuviera tan mal.

-¿Rocío qué te pasa? –se acercó, apresuradamente, para sentarse a su lado, y pasar su brazo derecho por la espalda de la rubia. Ella no le respondió, sólo la abrazó.

-No puedo más, Mariana –dijo, después la abrazó, llorando desconsoladamente en su hombro. En un principio, Lali, la asombró su actitud, aún así, la abrazó fuerte; sabía que necesitaba confiar en alguien, por más que no entendiera por qué ese alguien tenía que ser ella.

-Por favor, confía en mí –dijo, acariciando su cara, intentando secar sus lágrimas- ¿Qué te pasa?

-Es mi vida, no la aguanto más. Es el casamiento, es la presión, el futuro.

-¿Qué tiene tu vida? –Trató de entender- Es perfecta, lo que siempre soñaste. ¿O no es así? –preguntó sosteniendo sus hombros, al notar, como la rubia, quería volver a quebrarse.

-No entendes, esto; todo esto, no es lo que yo quiero.

-¿Y qué es lo que querés? –dijo, intentando, alejarse un poco- ¿A ese tal Coco? –dijo, levantando sus cejas, un poco resentida, por las dudas que crecían día a día en su interior.

-¿Qué sabés de él? –dijo, por primera vez, sin llorar.

-Poco y nada –dijo negando con su cabeza- A lo mejor, me querés aclarar ciertas dudas, porque no entiendo cómo podés hacerle eso a Pablo.

-Te juro que no puedo manejarlo –dijo, como si se estuviera disculpando-
Se llama Domingo, le dicen Coco y lo amo –dijo, con una media sonrisa- Pero, no podemos estar juntos –Mariana, la miró, no pudiendo comprender sus palabras y buscando respuestas a cada pregunta que se hacía en su cabeza- Quiero jugarme por él, pero me da miedo. Tu papá y mi mamá, nunca me lo perdonarían, ellos sueñan con mi casamiento con Pablo, pero yo no.

-¿Por qué? Mi papá y Julia quieren tu felicidad. Te van a entender –dijo acariciando su cara, con un poco de esperanza; por más que lo negara, había imaginado alguna que otra vez, una vida junto a Pablo, y si esto era verdad, todo sería más fácil.

-No es tan fácil. Ellos ya tienen todo planeado. ¿Entendés? –dijo, abriendo sus ojos- Mi vida, está predestinada, igual que la de Pablo –ante la mirada de su hermanastra, intentó explicarse- Si yo no me caso con él, perdería todo, Julia y Carlos me desheredarían y el padre de Pablo, no me quiero imaginar; es capaz de destituirlo de su cargo en la empresa.

-Claro –dijo, comprendiendo, en su mayoría lo que Rocío le explicaba. La rubia, necesitaba compartirlo con alguien, necesitaba desahogarse; había confiado en ella y por primara vez, apreciaba su actitud con ella- Tu futuro con Pablo, está asegurado.

-No sólo el mío, el tuyo, el de nuestros padres y el de tres generaciones más –dijo, preocupada, quería demasiado a Pablo, pero, sinceramente no lo amaba, y tenía la certeza de que él, tampoco a ella; jamás lo habían hablado pero lo suponía, con obvias razones- Además, no sé, yo lo quiero demasiado a Pablo, y en el fondo, no me disgustaría.

-No se trata de disgustar; uno se casa por amor Rocío –dijo, tragando saliva. Estaba segura que ese casamiento se iba a realizar, quieran los novios o no- Ustedes son adultos pueden decidir por sí mismos.

-No es tan fácil como parece te lo puedo asegurar –dijo, bajando su mirada y agachando su cabeza, mientras frotaba sus manos, nerviosa- Además yo sé que me estoy obsesionando –Lali, la miró, como preguntándole a qué se refería. Rocío la comprendió, como rara vez sucedía entre ellas- Con Pablo, me duele que sea así, pero me estoy acostumbrando a la idea de mamá y me da miedo lastimar a Coco, y a la otra –Mariana se paralizó, abrió sus ojos y volvió a tragar saliva- Sé que hay otra, que lo ama y que Pablo ama –Lali no pudo evitar que sus ojos se humedecieran un poco y que una lágrima recorriera su mejilla izquierda. Rápidamente, intentó secarla con la mano contrario, para que su hermanastra no lo notara, la situación era horrible; ella se sentía horrible. Ahora que entendía como Rocío sufría, no podía evitar sentirse culpable, por más que la rubia, nunca supiera lo que la morocha sufría, también.

-Todo va a estar bien, te lo prometo –dijo con una sonrisa; necesitaba tranquilizarla, y sólo se lo prometió, por más que no tuviera ninguna certeza- Sé que no somos las mejores hermanas, pero podés confiar en mí. Enserio –dijo volviendo a sonreír.

-Gracias Lali –dijo, apenas riendo, ya que jamás la llamaba de ese modo. Lali también lo hizo, mirando unos segundos para un costado- Sos una buena mina, como decís vos –dijo, tomándole ambas manos con las suyas, y riendo, apenas- Y  también podés confiar en mí –terminó la charla, para fundirse en un abrazo, necesitado para ambas. Se conocían hace años, prácticamente, desde su niñez, y jamás habían logrado tener tal acercamiento. Eran hermanas, por más que la sangre dijera lo contrario, sus corazones, lo afirmaban.

4 de agosto de 2012

23. Lo sabía.




-Rocío –dijo, una vez que dio media vuelta, Lali.

-Ro, volviste antes –alcanzó a decir Pablo.

-No cambies el tema –dijo, aún enojada, la rubia de la habitación- ¿Me van a explicar lo que acabo de escuchar? –dijo, mirando fijamente, a Lali y a Pablo, que tragaban saliva, mientras pensaban en qué y cómo explicar tal cosa.

-Sí, esto tiene una explicación, por supuesto –comenzó Lali a manifestar, mientras movía sus manos, exageradamente- Y Pablo te la va contar –lo señaló, con ambas manos, mientras, que con sus ojos quería decirle, que buscara una buena excusa, o si no estaría muerto.

-Yo le decía a Mariana que me molesta que esté saliendo con este pibe –comenzó, tranquilo, mientras Lali, creía morir- ¿Cómo es que se llama? –dijo, agitando, una de sus manos.

-Gastón –respondió a su pregunta Rocío, quién temía, por cómo seguiría la explicación de su futuro marido- Gastón, se llama –repitió.

-Sí Gastón, el mismo –dijo, aún dudando, un poco- No me parece un buen chico, me parece que no le hace bien, y es por eso que me molesta que esté con él –dijo, mirando a Mariana, a los ojos, si bien, no era del todo verdad, tampoco era del todo, mentira- No me parece una buena influencia.

-Exacto –continúo Lali, exageradamente- Y yo le decía que está equivocado, que sólo somos amigos –dijo, ahora ella, mirándolo a los ojos. Si bien quería demostrarle que entre ella y el rubio, ya no había nada, no desaprovechó la situación para ponerlo, aún más celoso- Y que Gastón no me hace bien, me hace muy bien –dijo con una sonrisa triunfadora.

-¿Seguros? –preguntó, todavía, un tanto recelosa la rubia del grupo, aunque ya había relajado su rostro y su cuerpo.

-Seguro –le respondió su novio, después de haber tragado saliva.

-Segura –dijo Lali- Nada eso, mejor los dejo solos –dijo ahora, mirando a Rocío, para dirigirse a la salida del despacho. Cuando su mano se encontró en el picaporte, oyó la voz de Rocío, que la llamaba.

-Lali –la llamó extrañamente.

-¿Sí? –dijo luego de girar su cabeza, para mirar a su hermanastra.

-Después quiero hablar con vos, si no hay ningún inconveniente.

-Ninguno –dijo la morocha, un poco sorprendida, por la petición de la rubia- Después hablamos –dijo, para luego desparecer por la puerta. Caminó hacia su habitación, en unas horas sería el almuerzo, seguramente, Rocío querría hablar más tarde. Se preguntaba cuál sería el tema de conversación. Últimamente, todo lo que provenía de ella, era extraño, más si quería hablar con ella, a solas.

Gastón había regresado a la oficina, luego de su descanso, y de la charla con ahora, su amiga, Mariana. Aún no lograba asimilar, el hecho de que ella se alejara de su vida, pero sospechaba, más bien, tenía la certeza, de que si ella no hubiera tomado la determinación, él, jamás, hubiera podido hacerlo.

Apenas ingresó al lugar, un tanto agitado, porque se le había hecho tarde, vio como Daniela ya se encontraba en su lugar. Ella, sintió su caminar, sólo levantó su mirada, y levantó una de sus cejas, sin dudas, algo le pasaba al rubio, de ojos color cielo. No quiso indagar demasiado, sabía lo reservado que era, pero sospechaba quien tenía algo que ver con su tristeza.

-¿Todo bien vos? –se limitó a preguntarle, mientras sostenía unos papeles en su mano derecha, y en la izquierda, hacía esperar a alguien, del otro lado del teléfono.  El muchacho, sólo asintió, con una sonrisa, obviamente fingida- Ni Pablo, ni su padre, ni su tío están, si querés podés retirarte –le sugirió, amablemente, sin dudas, si permanecía en el lugar, no iba a cumplir correctamente su rol.

-Genial –dijo, para después, ir a buscar sus cosas, y salir de “MSC”, sin siquiera, despedirse.

La familia Esposito-Igarzábal, se encontraba almorzando, dicho almuerzo, se llevaba a cabo normalmente, o por lo menos, eso era lo que todos creían. Nicolás, aún seguía preocupado, por lo ocurrido esa misma mañana, había algo en las palabras de Mariana, que no le cerraban, la conocía demasiado, como si fuera su sangre. Rocío, también estaba preocupada, dudaba si sería bueno confiar en Lali, pero, si no había hablado hasta ahora, suponía que podría confiar en ella. Por último, se encontraban Lali y Pablo, se podría decir, que se encontraban tranquilos. Eso era extraño, todos en la mesa hablaban del casamiento, y por más que así fuera, todo se tornaba con un toque de naturalidad.

Caminaba rumbo a su casa, luego de tomar el colectivo, recorría unas cuadras desde la parada, hasta su hogar. Gastón acostumbraba a hacer este camino, todos los días, luego de su trabajo. Llegó al edificio, saludó al portero y subió hasta su piso, por las escaleras, no supo por qué. En ese instante lo recordó. Recordaba unos de los errores más lindos, que había cometido en su vida. Recordaba cuando la había conocido.

Flashback.

Había decidido salir, como lo hacía casi todos los fines de semana; le divertía el hecho de conocer gente nueva, de poder divertirse con sus amigos, de poder alejarse de su familia y fumar cuanto quisiera, sin que ellos lo reprendieran. El lugar no era nuevo, pero era la primera vez que lo visitaba, estaba repleto de personas, había oído el rumor de que era bastante concurrido, y sin dudas, no se había equivocado.

Apenas ingresó, pudo ver un grupo reducido de mujeres que bailaban, a lo lejos, no pudo verles la cara demasiado, sólo notó, que uno de sus amigos, Peter, se dirigió hacia dónde se encontraban ellas, como muchos de otros hombres más. Se dirigió a la barra en busca de algo para tomar, y se sentó en uno de los taburetes, junto a ella. El bartman le preguntó que deseaba, le pidió una caipiriña de maracuyá, le respondieron que enseguida se la alcanzaban, ni siquiera escuchó, se dispuso a observar al grupo de chicas, a lo mejor, Peter, podría presentarle a alguien.

Pudo ver como una del grupo, más petisa que el resto, cantaba, reía y bailaba, demasiado bien. Lo había distraído, por completo, era morocha y hermosa, su cara, era perfecta. Sintió envidia y bronca, por los hombres que la rodeaban, era evidente, que era mucho más chica que él. Sintió como le tocaron el hombro.

-¡Flaco! –Le gritaron, desde atrás- Tu trago –le señalaba el muchacho, un poco harto de haberlo llamado unas cuantas veces.

-Gracias –dijo, por más que no haya escuchado sus palabras, por el volumen de la música, agarrando el vaso. El joven que lo atendía colocó, ambos antebrazos sobre la barra, ya que no había nadie que lo necesitara, mientras el rubio, encendió un cigarrillo. Gastón notó como también miraba el mismo lugar- Te hago una pregunta –dijo, para después dar una pitada, el muchacho lo miró, esperando- ¿Quién es la morocha de negro? –El joven, largó una carcajada- ¿De qué te reís?

-Ella es inalcanzable, mucho más para vos –dijo, para después apartarse, para continuar trabajando, lo dejó pensativo, luego regresó- Es como si fuera una de las estrellas de este lugar.

-Parece menor de edad –dijo, para después mirarla, y volver a mirar al joven- ¿Cómo entró?

-Ella siempre entra –comenzó a explicarle- Ella y sus amigas, son las que atraen a los hombres como vos.

-Es lógico –dijo, para volverla a mirar.

En un momento, ambos miraron, la morocha se dirigía hacia ellos; caminaba seductoramente, mientras movía sus caderas y su pelo.

-Un daiquiri de frutilla, Jaime –dijo apoyando sus manos en la barra, una vez que llegó a donde se encontraban los jóvenes. El bartman dio un giro, inmediatamente, para entregarle casi al instante, su pedido- ¿Cuánto es? –preguntó, por más que ya supiera la respuesta.

-Para vos, es gratis –dijo Jaime con una sonrisa- La casa invita –ella lo sabía, siempre era lo mismo, y le divertía.

-Gracias –dijo, para después, querer irse con su trago en mano, pero al dar media vuelta hacia su derecha, se encontró con el cuerpo de un rubio, hermoso, era hermoso, pero ella no notó su belleza; sólo le pidió disculpas, cuando un poco del contenido de su vaso manchó su camisa, después, retornó al centro de la pista, sin que Gastón pudiera decirle nada.

24 de julio de 2012

22. Básico y complicado.





Mientras corría, en dirección hacia donde Pablo se encontraba, Mariana, aboyaba la nota con su mano derecha. No entendía porque le sucedía lo que le sucedía; obviamente, Pablo, había cometido un error, pero no era eso lo que la enfadaba. No era el hecho de que había sido descuidado, sino, que era algo más, mucho más complejo, que aún no entendía. Pensaba en que decirle mientras, apuraba el paso, bajando los escalones de dos en dos, si iban a discutir, sería favorable que fuera antes de que Rocío, Julia y su padre,                                  regresaran.

Lo encontró aún en el despacho de su padre, hablando por teléfono. Escuchaba que hablaba con un tal “Benja”, era un amigo de él, lo había oído mencionarlo alguna que otra vez. Inicialmente, no comprendía la conversación, pero luego, comenzó a sospechar a qué se refería. Tenía problemas, seguramente, y por un momento se arrepintió de ir a generarle más; pero necesitaba descargarse y decirle las cosas de frente. No lo pensó demasiado, abrió la puerta y gritó.

-¿Qué te pensaste tarado? –gritó, sin preocuparse por la persona del otro lado del tubo, o porque llegara a escucharla Nicolás, que se encontraba cerca de allí.

-Benja, te dejo. Tengo otros problemas por acá –le dijo el peliclaro al teléfono.

-¿Lali? –preguntó riendo Benjamín, desde su trabajo- Escuché sus gritos. Te va a volver loco –aún reía.

-Chau –finalizó, cortando la comunicación, ignorando la risa de su amigo- ¿Qué te pasa? –preguntó, ante la enojada Mariana, que veían sus ojos- Veo que encontraste mi nota –aseguró al ver lo que sostenía el papel en su mano derecha, mientras daba media vuelta en su silla.

-Sos un idiota. ¿Lo sabías? –Pablo la miró sorprendido, y no le respondió, temía como podría llegar a reaccionar- Sí, sos un idiota y si no lo sabés, lo vas a saber –dijo cerrando la puerta.

-Repito. ¿Qué te pasa que estás tan loca? –volvió a preguntar.

-¿Yo soy la loca? ¡Vos estás loco! –dijo acercándose a él, ya sin gritar- ¿Cómo vas a dejar esto en mi cuarto? –Dijo casi susurrando- Cualquiera podría haberlo visto.

-¿Alguien lo vio? –preguntó, sin preocuparse, levantándose de donde estaba sentado para dar la vuelta al escritorio, y pararse frente a ella.

-Sí, Nico –dijo Lali, posando la nota sobre el escritorio con un golpe; ahora ella, sin darle mucha importancia. Pablo, abrió los ojos, para después intercambiar el lugar con ella- La libretita que estaba en mi cama era de él- El muchacho la miró, aún más sorprendido. Él se encontraba de espaldas a la puerta, mientras que ella estaba de frente con ambas manos sobre el escritorio de Carlos- Pero, le dije que era para la rubia. Tenemos suerte de que sea ingenuo, yo nunca lo habría creído.

-Entonces, ¿Cuál es el problema? –preguntó, un tanto, harto de la situación.

-Primero que sos un inexperto en este tipo de cosas- Pablo, la miró, con una media sonrisa, ni siquiera así podría enojarlo- Y eso se nota- dijo, para luego dirigirse a la silla, donde se encontraba el peliclaro, minutos antes- Segundo, yo no valgo una simple despedida de soltero- dijo, ya sentada, mirándolo seria, luego de cruzar sus brazos.

-Era eso –afirmó, mientras ella miraba para un lado- ¿Es eso lo que te puso tan loquita? –preguntó acercándose hacia donde ella se encontraba, acarició su cabeza, para después, hacerlo en su mejilla.

-Obvio que era eso –dijo Mariana, esquivando su mirada, cuando el muchacho se ubicó en cuclillas, junto a ella- Y no quiero hacerlo.

-Creí que querías. Yo me muero de ganas –le dijo Pablo, acariciando su mejilla, sin dudas, había sido demasiado directo, cosa que ella no acostumbraba a ver, dirigido de él- Pero sí vos…

-No me refiero a eso –dijo, ahora sí, mirándolo a los ojos- No hablo de tener sexo con vos. No quiero seguir con esto.

-¿De qué hablás? –le preguntó, intrigado por su respuesta.

-De esto, de lo que estamos haciendo. Es horrible, yo no soy así –dijo parándose, lo corrió y caminó en dirección a la puerta, para evadir su cuerpo.

-Esperá, no te vayas –le pidió, parándose, inmediatamente- Sé que está mal, pero no lo podemos manejar- le dijo, mientras la tomaba por su brazo derecho.

-Vos no podrás –le dijo ella, señalándolo con su dedo índice- Yo sí puedo.

-Te confundís –dijo, colocando ambas manos en sus hombros, para acercarla, más a él- No vamos a poder –dijo, cuando ya no pudo estar más cerca de sus labios- ¿Sabés por qué? –Mariana, negó con su cabeza- Porque me gustás demasiado. Me confundís y no sé si quiero casarme.

-¿Vos te escuchás cuando hablás? –Reaccionó, una vez, que se dio cuenta que Pablo la estaba por besar- No vas a venir con este tipo de cosas –quiso separarse- Sos tan básico y complicado –dijo, intentando continuar enfadada, aunque una pequeña sonrisa, se hacía presente en su cara. No podía enojarse demasiado con ese hombre, tenía algo, y ese algo, la hacía olvidarse de todo.

-Lo nuestro es así –dijo acariciando su mejilla derecha.

-Pablo, entendé que acá, no hay nada “nuestro” –él la miró, y notó ella se alejaba de su cuerpo- Vos tenés lo tuyo con la rubia, y yo…

-Lo tuyo con Gastón –dijo Pablo, asintiendo, alejándose aún más, con ambas manos en la cintura. Dio media vuelta, para darle la espalda; no entendía por qué, pero le molestaba tanto ese tipo, siempre rondándole a su… ¿Su qué? Lali no era de él, mucho menos, era algo de él.

-No –él giró, demasiado rápido, al oír sus palabras- Se terminó todo con él- dijo serena.

-¿Me hablás en serio?

-Obvio –dijo Lali, con una sonrisa.

-¿Se terminó todo? –Ella asintió- ¿Segura? ¿Todo?

-Bueno, todo no –dijo Mariana, luego de revolear sus ojos hacia la derecha- Somos amigos.

-¿El mismo tipo de amistad que tuvieron hasta ahora? –preguntó cruzando sus brazos, levantando sus cejas.

-¡No! –Exclamó exageradamente- ¿Qué tiene que ver?

-Todo tiene que ver –dijo, también, exageradamente, abriendo ambos brazos.

-Yo estoy loca, o vos... ¿Me estás haciendo una escena de celos? –Preguntó mientras se señalaba, ella misma- Y encima, por algo que ya no existe –dijo, no pudiendo comprender la situación.

-No –negó convencido.

-–afirmó divertida.

-Te digo que no, mirá si me voy a poner celoso.

-Te digo que sí –dijo cruzando sus brazos.

-Sí, estoy celoso –admitió Pablo- ¿Querés que lo repita? –Dijo para después dar unos pasos, para quedar de espaldas a la puerta- ¡Me revienta tu relación con Gastón! –Prácticamente, gritó- ¿Contenta? –Giró, para volverla a mirar a la cara.

-¿Te molesta  que Mariana esté con Gastón? –Se escuchó. Ni Pablo, ni Lali, habían escuchado la puerta abrirse, sólo oyeron lo que ocurrió a continuación- Me gustaría saber por qué –era ella, la persona que menos hubieran deseado que escuchara cierta conversación. Rocío se encontraba cruzada de brazos, con su rostro compungido, y sus cejas, sin relajarse; no entendía lo que sucedía allí dentro. Pablo, se maldecía a sí mismo; Mariana, mantenía una lucha interna, por un lado, algo le decía que se iba a pudrir todo, por el otro, existía ese toque de esperanza que decía que todo lo que estaba pasando iba a ser para bien.

9 de julio de 2012

21. Sería mejor.




Ya había terminado todo lo que tenía que hacer. Seguía caminando, mientras que los primeros días de otoño se hacían notar. Había decidido no salir en su auto, Pablo la había llevado hasta la oficina, y si bien, le había ofrecido transportarla hasta su destino, ella había elegido que no lo hiciera. Le gustaba el ruido que hacían las hojas, cuando crujían bajo sus pies; realmente le gustaba. Gastón la había llamado, y Mariana, estaba decidida. Apenas dobló en la esquina, pudo verlo sentado en la mesa de la ventana del bar, que se encontraba al frente de “MSC”. Ingresó al lugar, conectaron sus miradas, ambos sonrieron. Cuando ella se acercó y lo saludó con un beso, en la mejilla, Gastón supuso lo que vendría; no estaba tan equivocado, por más que no fuera completamente. Llevaban unos minutos de conversación, Lali, finalmente comentó, lo que en realidad, había ido a decirle.

-No vas a hacer eso –trataba de autoconvencerse.

-Sí, voy a hacerlo. Va a ser lo mejor –le explicaba Lali. Continuaban en el bar, cerca de la empresa, ya que se habían reunido en el descanso de Gastón.

-¿Por qué? –trató de entender.

-Porque lo necesito. Creo que se cumplió una etapa, necesito algo de libertad –dijo revoleando sus ojos hacia a la izquierda, mientras levantaba una ceja hacia el mismo lugar.

-¿Más de la que tenés? –le dijo, incomprendido, levantando ambas cejas.

-Gas, por favor, entendeme –le dijo acariciando su mejilla, desde el otro lado de la mesa, mientras que con su mano izquierda arrugaba una servilleta, para después, morder su labio inferior.

-Te entiendo –dijo, e hizo una pausa, pensando un poco- ¿Es por Pablo?

-¿Qué tiene que ver Pablo en esto? –Dijo evasiva- Es por mí.

-¿Me vas a extrañar? –le preguntó, con una sonrisa triste en su cara, ya rendido, entendiendo que no la haría cambiar de opinión.

-Obvio –dijo ella, sonriendo, también- ¿Vos?

-¿Tenés dudas de eso? –Ella negó, para después abrazarlo, y que él respondiera de la misma manera- Te amo.

-Yo igual –le dijo, por primera vez, sintiéndolo. Lo amaba, no de la misma manera que él, pero era sincera. Se habría confundido desde un principio, serían amigos, y le encantaba que así fuera- Sos una buena persona. Ojalá seas feliz, te lo merecés –dijo terminando el abrazo.

-Vos también –dijo, para volverla a abrazar.

Ya estaba de vuelta en su casa. Todo era un caos, gente que corría de un lado a otro. No le sorprendía que Rocío, estuviera, también de acá para allá. Se sentía liviana, las cosas con Gastón habían resultado mejor de lo que había creído; imaginó que a él podría interesarle alguien más, tal vez, Daniela, por alguna razón la había mencionado. Se sorprendió a sí misma, al alegrarse por eso, sería lindo que Gastón rehiciera su vida, con quien fuera.

Se topó con la rubia, que casi ni la registró; le resultó imposible no recordar la boda. Le resultó imposible, no recordarlo. Pensó en hablar con él, dudo demasiado hacerlo. Sería mejor, que se enterara de la notica, junto a los demás, o al menos, ante ellos, no podría reclamarle nada. Sin dudas, iba a ser mejor.

Quiso llegar rápido a su cuarto. Según sus cálculos, Pablo, debería permanecer, todavía en su trabajo; pero temía equivocarse, encontrarlo, terminar contándole todo, y arrepentirse de su decisión. Se equivocó como últimamente le sucedía. Lo vio, sentado en el escritorio de su padre, hablaba por teléfono, por suerte, este hecho lo tenía distraído, y no notó su presencia, ni su mirada a través de la puerta, semi abierta.

Lali, subió las escaleras, llegó a su cuarto; jamás creyó encontrar a Nicolás, sentado en su cama, con una mirada indescifrable, no pudo, ni siquiera imaginar, alguna razón; sólo ingresó.

-¡Qué carita! ¿Pasó algo y yo no me enteré? –dijo, mientras retiraba su bandolera de su cuerpo, y la apoyaba en la silla del escritorio.

-Lo mismo te pregunto yo. ¿Pasó algo? –preguntó, Nico, cruzando sus brazos.

-No –dijo, tranquila, sin dudarlo; negando al mismo tiempo con su cabeza.

-¿Segura? ¿No hay nada que le quieras contar a tu tío, a una de las personas que más confías?

-Mmm… –dijo, haciéndose la reflexiva- No.

-Entonces, voy acabar pensando que esto no existe –dijo, enseñando, un papel doblado; se notaba que formaba parte de una libreta, y había sido arrancado.

-¿Qué es eso? –preguntó, intentando arrebatárselo, sentándose, a su lado, lo que Nicolás impidió, levantando el brazo izquierdo, el cual sostenía el papel.

-¿No sabés lo que es? –Ella negó- Es una nota –le aseguró, aún no creyéndole demasiado.

-Bien, vamos avanzando –ironizó- Una nota. ¿Y?

-Yo vine a tu cuarto, a despertarte, pero resulta, que vos no estabas dormida, ni despierta –comenzó, creyéndole de a poco.

-Sí, tenía que hacer unos trámites –aseguró- ¿Podés ir al punto Nicolás? –insistió.

-Pablo llegó, le pregunté si te había visto; me dijo que habías salido temprano. Me di cuenta que me había olvidado, mi libreta, en tu habitación y vine a buscarla –dijo, haciéndole notar que ya había terminado.

-Sigo sin entender –dijo agitando, ambas manos solo un poco.

-¡Ay Lali! Que Pablo, agarró la libreta, creyendo que era tuya, y escribió esto –dijo, mientras, desplegó el papel, ante sus ojos- “Estoy esperando con ansias que me hagas mi despedida de soltero. Nos vemos a la noche. Pablo” –dijo, repitiendo lo que estaba escrito, en la nota.

-Eso no es para mí –ensayó rápidamente, parándose y hacer una mini caminata, un tanto, nerviosa.

-¿No? Entonces, ¿Para quién es? –le preguntó, un poco molesto, por lo que sospechaba, y otro tanto, porque lo enojaba que ella le ocultara cosas.

-Es... –comenzó a decir, mientras que Nicolás, la miraba con cara de insistencia- Para… Rocío.

-¿Para tu hermana? –preguntó incrédulo, levantando sus cejas.

-Hermanastra, mejor dicho –lo corrigió, inmediatamente.

-Como sea. ¿Para ella?

-Sí, es para ella. Pablo... –comenzó a fabular, nuevamente- me dijo que me iba a dejar un papel en mi cuarto, para que yo se lo diera a la rubia.

-¿Y por qué no se los da él? –Dijo, lógicamente- La ve más que vos.

-Ahora sos vos el que no entiende. Para que sea más romántico –dijo con una sonrisa, festejando, haber podido inventar una excusa.

-¿Y que tiene esa nota de romántico?

-Bueno, Pablo, no es el hombre más romántico del mundo. Pero, hay que valorar su esfuerzo. ¿No te parece?

-Sí, puede ser –dijo, aún receloso. Había algo que no le cerraba completamente.

-Buenísimo. Ahora, que no hay más preguntas, ¿Te podés retirar? Necesito un poco de privacidad –dijo levantándose, e invitándolo a hacer lo mismo con sus manos.

-Chau –contestó, Nico, ya afuera de la habitación, cortantemente.

-Chau –le respondió ella, de la misma manera, para luego, cerrar la puerta- Una nota –dijo sonriente- Quiere su despedida de soltero conmigo –aún, sonreía, y mordía su labio inferior, con su mano derecha sobre su pecho; apoyando su espalda sobre la puerta- ¡Quiere su despedida conmigo! –gritó, enojada. Reaccionó, de inmediato, tomó la nota que había quedado sobre su cama- Te voy a matar Pablo Martínez –susurró, para sí misma, para después salir casi corriendo hacia el despacho de su padre.

30 de junio de 2012

20. Clandestinidad.




-Sigo sin entender por qué me trajiste a la oficina –le dijo mientras ingresaban a su despacho.

-En casa podrían escucharnos –le explicó- Además, querías vender tu auto –le dijo mientras recorría el contorno del escritorio, para sentarse en su silla.

-Sí, eso quiero; pero… ¿Era necesario venir hasta acá? Éste lugar me trae no muy buenos recuerdos – Lali, apenas sonrió, dejando su bandolera sobre la silla, y sentándose luego. Pablo la miró sin entender- No me cae muy bien tu secretaria. Es bastante impuntual e irresponsable –dijo recordando que la joven, todavía no estaba en el lugar.

-Vos sos peor –dijo riendo- Aún no comenzó su horario de trabajo. Vinimos minutos antes. No hay nadie –dijo el hombre, mientras revolvía unos papeles, buscando algo, por supuesto, Mariana no sabía que era.

-Entiendo –dijo, no sabiendo como continuar, esperando que él diera el primer paso.

-¿Vos decís que acá…? –dijo Pablo mirando hacia los lados y juntando sus labios, para cortar el silencio que se había formado.

-Vos lo dijiste Pablo –dijo separando el sillón con ruedas del escritorio, donde estaba sentada- No hay nadie, estamos solos, vos y yo –dijo ya parada, acercándose, peligrosamente, a él, mientras una sonrisa seductora, recorría sus labios.

Pablo se levantó de su lugar, mientras tanto Lali, ya se encontraba junto a él. La tomó de la cintura, la atrajo a su cara para, apenas, rozar sus labios.

-Me volvés loco petisa –le dijo, aún rozando su boca, para después besarla con avidez, a lo que ella respondió de igual modo. Ninguno de los dos entendía por qué necesitaban hacerlo, los últimos dos días así habían sido, besos prohibidos y secretos; definitivamente, la clandestinidad, atraía, aunque no más, de lo que ellos se atraían el uno al otro.

-Y vos a mí –le dijo ella, cuando lograron separarse por la falta de aire. Luego de esto, Mariana volvió a capturar sus labios.

Mientras tanto, a solos unos pasos de Mariana y Pablo, Daniela y Gastón recientemente llegaban al lugar.

-Pablo ya debe estar en su despacho –comentó Daniela, mientras Gastón venía detrás de ella- Su auto estaba en la entrada.

-Es extraño que no nos haya oído entrar –le respondió el rubio.

-Estamos unos minutos adelantados con respecto al horario de entrada –dijo la chica, mientras miraba su reloj de mano.

-Porque no quisiste quedarte más tiempo en esa cafetería –dijo, mientras apoyaba sus brazos sobre su buró.

-Tenés razón –concluyó ella- Mejor, voy a llevarle su cappuccino. Lo va a poner de buen humor, que sea eficiente desde temprano –dijo mientras señalaba con su pulgar en dirección a la oficina de Pablo.

-¿En serio no querés que se lo lleve yo? Es mi trabajo.

-No te preocupes, yo se lo llevo. Al fin y al cabo, llegamos antes por mi culpa –dijo con una sonrisa en su cara, entrando a la cocina y saliendo a los minutos, luego, se dirigió hacia el lugar donde se hallaba su jefe.

Pablo y Mariana seguían besándose. Él, de a poco, se atrevía a acariciar su espalda por debajo de su remera, mientras que ella, acariciaba su cuello, casi llegando a su espalda, examinando más su piel. Ambos, seguían muy entretenidos, sin pensar en nada, ni nadie. Pablo besaba su cuello, y no recordaba mirar el reloj, al saber que sus empleados, llegarían en cualquier momento.

-Pablo, su desayuno está listo –se oyó la voz de su secretaria, por detrás de la puerta- ¿Puedo pasar?

-Llegaste antes –se limitó a responder, mientras, le hacía señas a Lali, para que se quedara quieta y se callara, después de separarse de ella.

-Sí, ¿Hay algún problema señor?

-No, ninguno. Deja todo en la cocina, después voy a buscarlo. Estoy ocupado.

-Así va a ser –le contestó para alejarse, con una expresión confusa en su rostro- Creo que está con una mujer –le comentó a Gastón, dejando el desayuno sobre la mesa.

-¿Vos decís que está con una minita? No creo, se casa en unos días.

-Por eso lo digo, a lo mejor es Rocío –barajó una opción, Daniela.

-¿Y por qué la va a traer acá? –dijo, obviamente, acertando.

En el despacho, Pablo, le rogaba a Lali, quien se hacía la difícil, aunque en realidad, ella también se moría por cumplirlo.

-Una noche, sólo eso –dijo mientras levantaba su dedo índice- Después, vos volvés con… con… Gastón; y yo con Rocío. ¿Trato? –le propuso el peli claro.

-Trato –le confirmó, para dejar un suave beso en sus labios- Ahora salgamos, tu secretaria va a pensar cualquiera –dijo riendo. Así lo hicieron, al instante. Mariana adelante, Pablo por detrás, salieron del despacho.

-Buenos días –dijo con entusiasmo la morocha a Daniela, sin advertir la presencia de Gastón, que se encontraba detrás de ella.

-Buenos días –respondió la secretaria de Pablo, sorprendida de quien se trataba la persona con la cual, su jefe, se había encerrado- ¿Mariana? ¿No? –dijo fingiendo no recordar bien su nombre.

-La misma que viste y calza –respondió con una sonrisa, no sabía por qué había algo en ella que no lo cerraba, del todo; sin embargo hoy se había levantado de buen humor, y nadie podría sacárselo, ni siquiera ella.

-Buen día, Daniela, Gastón –dijo Pablo, una vez que la mínima conversación de Lali y Daniela, había acabado.

Mariana, al oír su nombre, giró su cuerpo. Se preguntaba que estaría haciendo Gastón allí. Últimamente se comportaba distante, y lo que menos quería era que estuviera cerca de Daniela, mucho menos de la clandestinidad que la unía a Pablo.

-Gas. ¿Qué hacés acá? –se atrevió a preguntar.

-Gastón trabaja acá –le contestó Pablo.

-¿Y cómo fue eso? –la morocha, estaba enterada de que Gastón tenía trabajo, aunque no sabía dónde, ni con quién.

-Fue una loca casualidad –le explicó Gastón- Yo acompañé a Dani a su trabajo y…

Flashback.

-En serio. No tenés por qué agradecerme. Hice lo que cualquiera hubiera hecho –Gastón acompañaba a Daniela a su trabajo.

-Pero tengo la necesidad de agradecerte. Yo no tenía donde quedarme, y vos, me ofreciste tu departamento, que no es poco –continuaba agradeciéndole, cuando ya habían ingresado a “MSC”- Además le tuviste que mentir a tu novia por mi culpa.

-Lali no es mi novia.

-Bueno, lo que sean –dijo moviendo sus manos exageradamente- Amigos, no son.

-Daniela –apareció ante ellos un alterado Pablo, se había equivocado al pedirle a Mariana que fuera su testigo de casamiento, y todos los pequeños problemas, los veía enormes- ¿Podés creer que Florencia acaba de renunciar? Tengo una reunión importante y no tengo quien me prepare el café.

-Si usted quiere yo podría... –trató de calmarlo ella.

-Ya tenés suficiente trabajo para encargarte de más –dijo con sus manos en su cintura, mientras buscaba una solución, y movía su cabeza de un lado a otro- ¡Vos! –Gritó, al divisar al rubio recién llegado, a lo cual, él respondió señalándose- Sí, vos. ¿No estabas buscando trabajo? –Gas asintió- ¿Sabés preparar café?

-Casi todo el mundo sabe.

-Perfecto, estás contratado –concluyó el peli claro- ¡Ah! Y empezás ya –le recordó para ingresar a su oficina, una vez más.

Fin del flashback.

-Qué raro que no lo supieras –intervino la secretaria- Considerando que ustedes son, una pareja, y que Gastón te cuenta todo; o bueno, casi todo.

-Disculpame, ¿Cómo sabés tanto de él? –le preguntó la morocha, con los brazos cruzados.

-Desde que trabajamos juntos La –le respondió sereno Gas.

-Mirá vos. Resulta que acompañás a desconocidas al trabajo, las metes en tu casa, te conocen perfectamente, me mentís y no me contás nada –dijo Lali, aún cruzada de brazos- Bien, eh… -dijo, mientras Pablo y Daniela, se alejaban.

-Yo no te cuento nada, te recuerdo que vos tampoco lo hacés. ¿Qué estabas haciendo con Pablo en la oficina? –le preguntó una vez que su jefe, ya se había retirado con Daniela, para no participar de cierta “discusión”.

-Quiero vender mi auto –le contestó evasivamente.

-¿Nada más?

-¿Qué tanto te importa saber lo que hago con él cuando estamos encerrados? –lo desafió, con ambas manos en su cintura, y acercándose provocadoramente.

-Lo mismo que te importa a vos saber lo que hago con Daniela en la cocina.

-Exactamente nada –minimizó, mirándolo a los ojos.

-Lo mismo digo –dijo calmándose el rubio.

-Gas –dijo, una vez, lejos de Gastón, él, simplemente la miró- Tenemos que hablar, de algo importante. ¿Me llamás? –le pidió como si la charla, no hubiera existido, tranquilamente.

-Te llamo –le confirmó él. Para que luego ella se alejara hacia la salida.

Apenas estaba afuera, miró para la ventana del lugar, allí estaba Pablo. Ella lo miró con una sonrisa, él le respondió giñando su ojo derecho, para que después ella diera media vuelta para dirigirse al aeropuerto, totalmente convencida de que nada podría modificar lo que sentía.

29 de junio de 2012

19. Perfecta.




-Una semana. No puedo creerlo –comentaba emocionada Rocío, mientras abrazaba, por detrás, a Pablo.

-Creéme, yo tampoco –comentó desinteresado él.

-¿No estás emocionado? –Le preguntó la rubia con una sonrisa- Yo, estoy que me muero de ansiedad –decía con una sonrisa en su rostro.

-¿Lali está acá? –preguntó, casi ignorando la pregunta de la rubia.

-Sí, está en su cuarto. Obviamente. Si está, está sola –ella, sólo hizo una pausa. Le extrañaba que por primera vez, la llamara como ella quería que la llamen. Mariana siempre exigía que le dijeran “Lali”, y Pablo, siempre evitaba llamarla así- ¿Por qué? –preguntó mientras enarcaba una ceja extrañada.

-Por nada, sólo preguntaba –evadió a su novia, rápidamente. “Tenés que hablarlo con ella”, las palabras de su mejor amigo, resonaban en su cabeza. No podría seguir evitándolo, por más, que no estuviera seguro de que diría ella, ni él tampoco.

-Últimamente, sólo preguntás por ella –vio la cara de descontento de Pablo y le dijo- Era un chiste, mi amor.

-Tengo que hacerlo –pensó en voz alta, casi sin escucharla.

-¿Qué cosa? –interrumpió sus pensamientos Rocío.

-Ehhh… Tomar una pastilla, para el dolor de cabeza. Me molesta, un poco –prácticamente, no le mintió, le dolía un poco la cabeza.

-¿Querés que se la pida a Norma? –preguntó, mientras acariciaba su mejilla.

-No dejá, voy yo. Gracias –le dijo, mientras miraba sus ojos. Sin duda esa mujer, lo amaba, esperaba y deseaba casarse con él, con todo su corazón. Pablo lo advertía desde el día que le propuso casamiento, y la rubia no dudó en aceptarlo, no pensó demasiado, le asintió y lo besó. Jamás podría pasar por alto el amor que ella le tenía.

-De nada. Te amo –dijo depositando un suave beso en los labios del hombre.

-Yo también –dijo, y después, ella se alejó. Tenía que encargarse de los detalles de último minuto para la boda. Se despidió con una sonrisa, y desapareció  por detrás de la puerta.

Ahora no podía dudarlo, tendrían que hablarlo, tarde o temprano. No podrían hacer como si nada hubiera pasado. Simplemente, olvido la pastilla, y el dolor de cabeza, alzó su mirada al pasillo que continuaba de la escalera y divisó la puerta abierta de su cuarto, la luz encendida y algo de música, que sorprendentemente, no estaba a todo volumen. Caminó decidido hacia las escaleras y atravesó el pasillo para dirigirse al cuarto de Mariana. Ella estaba concentrada, escribía en su computadora, mientras la música sonaba de fondo. Pablo sólo tocó la puerta, por más que estuviera abierta, se había acostumbrado a tocar, tal como a Lali le gustaba.

-Deja la bandeja por ahí, Norma –dijo mientras señalaba su escritorio, sin levantar la mirada de su laptop- Y… -levantó la vista, y notó que estaba equivocada- ¿Gracias? –Preguntó sorprendida, tratando de terminar la oración que había comenzado- Creí que eras Norma. ¿Necesitabas  algo?

-No soy Norma, pero si lo fuera te diría que hagas un poco de espacio en el escritorio, porque no hay lugar para un alfiler, mucho menos, para una bandeja –dijo mientras señalaba el desorden que Lali, acostumbraba a tener, para después acercarse a dicho escritorio- ¿Son canciones? –dijo mientras tomaba un papel en sus manos.

-¡No toques! –gritó inmediatamente. Si había algo, de las tantas cosas que le molestaban, era que tocaran sus cosas. Se levantó de un salto de su cama, para arrebatarle el papel de su mano.

-Sólo quería ayudarte a ordenar –le explicó él.

-No quiero que me ayudes en nada. Es más, quiero que estés lejos de mí, y que no te acerques a, por lo menos, cien kilómetros a la redonda –le pidió con una sonrisa irónica. Siempre esa costumbre de defenderse, aún, cuando nadie la atacaba.

-¿Hasta cuándo vas a seguir actuando como si no hubiera pasado nada?

-No entiendo de que me hablás –esquivó su mirada y volvió a su posición inicial, en la cama.

-Entendés muy bien de lo que te hablo –inmediatamente, cerró su computadora para tirarla al sillón que se encontraba a la derecha de la cama, y sentarse en su lugar.

-¿Qué hacés? La vas a romper.

-No me importa la computadora. Me importa hablar con vos.

-No tengo nada que hablar con vos.

-Ah… ¿Mirá vos? –Ironizó- No me interesa, vamos hablar igual.

-¿De qué querés hablar? –Preguntó, mientras cruzaba sus brazos y sus piernas también- ¿De mi vida? Está muy bien, hace una semana empecé en la Universidad, decí que mi viejo no se enteró porque sino… -no pudo continuar porque fue interrumpida.

-¿Es un chiste? No podés evadir todo en tu vida –dijo, un poco enojado- Nos besamos. Me besaste.

-Eso sólo fue una confusión. Nada más –minimizó ella.

-Te vivís confundiendo. Ese es tu problema.

-¿Yo me confundo? –Preguntó Lali, también, un poco enojada- Lo admito, te besé, pero vos también lo hiciste.

-¿Y qué querías que hiciera? –dijo mientras levantaba ambas cejas.

-Mmm… No sé. Lo que haría cualquier hombre que no está interesado en mí y que está enamorado de su novia.

-Mirá si no te alejé fue por… -fue interrumpido antes de que pudiera seguir hablando.

-Porque te gustó, te gustó el beso y te gusto yo –los roles se invertían, ahora, Pablo, disminuía la situación, y ella, siguiendo el consejo de su amiga Eugenia, iba de frente y encaraba las cosas directamente. Él no le respondía, entonces, volvió a hablar- Tomo tu silencio como una confirmación.

-Mariana, está mal. Vos no podés, yo tampoco.

-¡Ay Pablo! Siempre me tengo que animar yo.

-¿A qué? –Lali no lo dejó pensar demasiado, tomó su cuello para acercarlo más a ella y lo besó. A Pablo, lo tomó de sorpresa, pero siguió el beso, no podía resistirse a sus labios. Si los había probado, no podría olvidarlos jamás, ese había sido su error.

Lali, se moría de ganas de decirle que Rocío hacía lo mismo, pero entendía que por más que fuera así, seguía estando mal. Y por más que estuviera mal, no podía separarse de él, ni tampoco, quería.

El beso, ya no era uno más. Ambos lo disfrutaban, el beso era desesperado, pero al mismo tiempo, deseado. Mariana, comenzó a recostarse para encontrar más comodidad, pero no se separaba ni un milímetro de él. Lo atraía hacia ella, y Pablo no se resistía. No querían hacerlo, ninguno de los dos, querían alejarse. Debían hacerlo, la puerta abierta, más la música, eran un complemento perfecto para no pasar desapercibidos.

Pablo, prácticamente sobre ella, la agarraba fuerte de la nuca y la cabeza; mientras que la morocha, lo imitaba. Se oyeron los pasos de Norma, que se acercaba al cuarto, seguramente con la merienda que Mariana le había pedido hacía ya, unos minutos. Ella lo separó, bruscamente, de ella, con un empujón, mientras limpiaba sus labios. Pablo, también lo hizo.

-Señorita, su merienda está lista–apareció frente a ellos, la mujer, cuando Pablo, ya estaba de pie, junto a la cama; y Mariana, sentada sobre ella- ¿Todo bien por acá? –preguntó, mientras intentaba hacer espacio sobre el escritorio, para depositar la bandeja, y los miraba de reojo.

- –contestaron a dúo, Pablo y Lali- Perfecto –le confirmaron, mientras se miraban, aún agitados.

-Permítanme decirles que es un poco extraña ésta situación –comentó mientras apenas, reía.

-¿Por qué lo dice Norma? –se atrevió a hablar Pablo, revoleando los ojos.

-Tenía entendido que no se llevaban muy bien ustedes, pero... –trató de explicarles.

-No estábamos haciendo nada. Estábamos… charlando –se defendió Mariana.

-Lo entiendo –dijo la mujer, para dar media vuelta, y dirigirse a la cocina, mientras limpiaba sus manos con el delantal.

-Lali... –intentó hablar el peli claro.

-Te fuiste –le dijo ella, e inmediatamente, lo empujó hacia la salida.

-Qué loca es –susurró, ya afuera de la habitación, detrás de la puerta. Mientras que su mente y su corazón le repetían una y otra vez que no era tan así y que Lali era perfecta.

La situación era tan conflictiva, como perfecta. Y por más que seguían y seguirían confundidos por mucho más, sabían lo que querían; y no eran precisamente, Rocío, ni Gastón. No era algo superficial, era algo más allá. Algo perfecto, que tardaría en llegar.