25 de mayo de 2012

18. Tiempo de gran confusión.



Todo había cambiado desde que aquel infortunio, según ella. Lali había salido corriendo a los pocos segundos, dejándolo en una mezcla de estático y mudo; con sorprendido. Inmediatamente que se fue, ella, se encerró en su cuarto, moriría de vergüenza, si volvía a verlo, por lo menos dentro de las siguientes horas. Al atravesar el pasillo que conducía a las habitaciones logró ver como Nicolás, continuaba acomodando su ropa en el armario, apenas escuchó lo que le dijo, sólo lo ignoró para hacer lo antes mencionado. Nico la miró y se asomó a la puerta de la habitación de huéspedes, que era donde el dormiría hasta la gran ceremonia, le sorprendió que ella no accediera a ayudarlo con la ropa, supuso, que no lo había oído y siguió haciendo su trabajo.    

Desde que Lali le había pedido que no se casara, lo había abrazado, había cambiado, todo; su forma de mirarla, de escucharla. Desde que todo había ocurrido, no podía evitar sentirse diferente, hacerla sentirse diferente. Ella, raramente, casi ni aparecía por el lugar, su hogar. Había intentado en varias ocasiones acercarse a ella para hablar sobre lo sucedido, pero ella siempre lo evitaba, tratando de no quedarse solos, ni por un segundo. Aunque Pablo, negaba que él también la hubiera evitado. Por más que hablaran no sabría que decirle. 

-No sé qué pasó, ni por qué lo hizo. Pero, fue en un instante –Pablo, le contaba a Benjamín, su mejor amigo, lo sucedido aquella noche; de la cual había pasado una semana. Sí, una semana más que pasaba y una semana que lo separaba de la decisión que cambiaría su vida para siempre. Sin embargo, estaba más confundido que antes- Primero con sus peleas, después sus bailecitos, su bipolaridad, y ahora, esto.  

-No sé qué decirte –negaba Benja, ante las explicaciones de su amigo- Hay que admitir que esa mina sabe como seducir a un hombre.

-Te lo puedo asegurar –trataba de auto convencerse, mientras le daba a un sorbo al café, que minutos antes, había pedido al mozo- Pero, estoy jugando con fuego, y no pienso quemarme.

-¿Cómo estás tan seguro de eso? –Observó a su amigo con cara de “¿Qué estás diciendo?” y prosiguió- Digo, con una chica así, nunca se sabe.

-Tengo que saber. Es Lali, una nena, y la hermana de Ro –Rocío, tenía que pensar en ella, una mujer con todas las letras- Jamás haría algo para lastimarla.

-Repito. ¿Cómo estás tan seguro de eso? –Vio como Pablo seguía mirándolo con cara de enojo, pasivo y le afirmó- Te conozco desde que somos así- hizo un seña con su mano, indicando una estatura- No vas a poder, te enamoraste. Y no precisamente de Rocío.

En el mismo momento, Lali, le contaba lo sucedido a Euge y a Cande, ya que Mery, no había podido llegar por un importante desfile que se la había presentado, al cual asistirían cientos de personas importantes, también famosos, a los cuales la reciente modelo, admiraba profundamente. “Gajes del oficio”, les había dicho cuando las chicas le habían comunicado que envidiaban totalmente su trabajo.

-Les juro que no me da la cara –les comentaba apenada- ¿Por qué habré sido tan tarada de hacer algo semejante? –Se reprochaba a sí misma.

-La, entendelo. Si lo hiciste, ya está; no podés cambiarlo –hablaba la rubia del grupo.

-Sí Eu tiene razón. Aunque… –pensó ladeando su cabeza, un poco la castaña- …Podés inventar alguna excusa. Sos buena para eso.

-¡No! –Gritó Eugenia, en desacuerdo con lo que acababa de decir Candela- Ninguna excusa. Vas de frente, como vos sabés. Siempre de frente. No le hagas caso a lo que ésta hueca te dice –dijo, mientras la señalaba con la mano.  

-¡No me contradigas Eugenia! –un grito agudo e histérico se oyó de parte de la más flaquita.

-Jamás te contradije, en mi vida –habló tranquila, mientras miraba sus uñas.

-Diciendo que no me contradecís, me estás contradiciendo –dijo pareciendo una nena caprichosa- Lali, lo está haciendo otra vez.

-Todo bien –se dispuso a hablar la petisa de las tres- Pero… -hizo una pausa para seguir- ¡El problema acá… …soy yo! –Sus amigas sólo asintieron- Por favor. Necesito ayuda. ¿Qué hago?

-¿Le contaste a Gas lo que pasó? –Esa manía de abrir la boca y decir algo inoportuno, a Cande, no se le iba a ir jamás.

-¿Vos estás loca? ¿Cómo le va a contar algo? –sólo giró para ver los ojos de Lali, sabía que su amiga quería mucho a Gastón, hasta el punto de contarle todas sus miserias- Porque no lo hiciste… ¿No?

-Jamás lo haría, pero hay algo más que me preocupa –sus amigas abrieron sus ojos como preguntando “¿Hay más?” ella solo esbozó una sonrisa de nervios, había pasado tanto en una semana sin verse- Ustedes saben que hace un tiempo, bastante largo, Gas me dijo que me amaba.

-Sí y que vos no podés decirle “Yo también” porque no lo sentís. ¿Y…? –la interrumpió Candela.        

-Pasa que hace una semana que anda raro. No me dice nada, no me cuenta nada. Es más, consiguió laburo y no me quiere contar qué, ni en dónde.

-Ese chico es raro, yo te lo dije –afirmó la castaña.

-No le digas así. Es la persona más buena que conozco –lo defendió la morocha- Y el más caño –dijo riendo.

-Eso después de tu Pablito ¿No? –rió la rubia mientras la codeaba, Lali apenas reía, mientras negaba, un poco con su cabeza- Al final, el tiempo me dio la razón. Te gustaba y te re gusta tu cuñado.

-No digas así –trató de taparle la boca Mariana- Suena feo.

-Es la verdad gordi –por primera vez, Cande, estaba de acuerdo en lo que Eugenia decía.

Hasta esas charlas, nadie lo sabía. Pero, esa noche, Lali lo había hecho, al fin, sin que nadie los escuche, ni sospeche. Pablo la había correspondido, sin saber que al hacerlo, esos labios quedarían de por vida en su mente. Jamás podría olvidarlos, no podría evitar compararlos con los de alguien más y saber que nadie los superaría. Lali lo hizo, sin saber que desde ese momento, por primera vez en su vida, podría afirmarlo, se había enamorado. Mariana, cumplió el deseo, que esa “Noche de rojo”, gracias a un poco de alcohol, se animo a confesarle. Quería besarlo, y no dudó en hacerlo; aunque en su mente, y en su boca, todavía deseaba hacerlo otra vez.

Al terminar ese abrazo, ella se había alejado un poco, no lo suficiente como para evitar lo que ocurrió a continuación. Un beso, como el de pocos, lleno de misterio, intriga, y sobre todo, ganas de más; ganas, que no se irían nunca.

Hasta ellos lo sabían, dudaban si hablar o permanecer en silencio, sería lo mejor. Confundidos, así se sentían. Sus amigos se lo afirmaban, y ellos, ya no podrían negarlo. Estaban seguros de lo que sentían, y por más que esto cerrara demasiadas dudas, abriría muchas más, que ni se esperaban. Un tiempo de gran confusión, en el que se habían sumergido, los atormentaba, impidiendo que supieran qué hacer; o cómo reaccionar.

10 de mayo de 2012

17. No lo hagas.



-Sos un tarado. Siempre con tus chistes malos –dijo riendo Mariana al ver la cara de Pablo, sorprendentemente, Rocío, también lo hacía, con quien Nicolás no se llevaba del todo bien- Es Nico, un viejo amigo de mamá –le explicó Lali, a Pablo, aún abrazándolo.

-Sí, menos lo de viejo –dijo riendo el invitado, mientras la morocha lo imitaba- Soy como un tío, para las chicas.

-Lo serás para ella, pero para mí no sos nada –contestó cortante la rubia del grupo.

-Estoy segura de que ésta relación es de amor-odio. En el fondo se quieren ustedes dos –dijo ladeando una sonrisa, Mariana- ¿Cómo están todos allá? –le preguntó la morocha, mientras se reunían alrededor de la mesa ratona, sentándose en los sillones- Contanos.

-¿Quiénes son todos? –le había preguntado Pablo a Rocío en el oído, pero ella no lo oía, estaba concentrada en lo que el rubio empezaba a hablar.

-Gime está muy bien, los extraña –dijo sereno- No se preocupen, que para su casamiento, está con nosotros –les dijo, dirigiéndose a los novios. Ellos solo respondieron con una sonrisa, él lo hizo por cortesía, no tenía idea quien era “Gime”, ni siquiera, tenía muy en claro quién era él; se preguntaba por qué nadie en la casa lo había mencionado nunca. Rocío lo hizo por obligación, la irritaba tanto su presencia, era tan igual a Mariana, que se llevaban demasiado bien, para su gusto.

-La cena va a estar lista en unos minutos –se unía a la charla Julia, con sus manos unidas a la altura de su estómago, mientras por detrás se acercaba Carlos- No te preocupes, algo muy corriente, para tu paladar poco sofisticado, Vázquez –se dirigió a Nicolás. Lali revoleó los ojos, bufando, en cambio, el recién nombrado, sólo contestó.

-Gracias Julia, pero no me merezco tanto esmero de su parte –ironizó, cosa que la madre de Rocío sólo respondió con una sonrisa, obviamente fingida.

-Carlos, ¿Cómo estás? Hacía mucho que no te veo –cambió el aire que se había formado, poniéndose de pie para abrazarlo.

-Nicolás, que bueno volver a verte –le dijo mientras se abrazaban. Él era lo único que les quedaba de ella, la había conocido más que nadie. Mariana sonreía, Pablo también lo hacía; mientras que “Las Igarzábal” miraban serias la situación.

Ya sentados alrededor de la mesa, en el comedor, la cena era extraña. El padre de Mariana, seguía enfadado con ella por no haber aceptado la propuesta de Pablo. Rocío aún no estaba del todo contenta con que Pablo le hubiera ofrecido tal cosa a Lali, sin consultarle. Y a Julia, le molestaba la presencia de Nicolás, era lo único que su esposo tenía de su ex mujer, y no le agradaba demasiado su acercamiento.

-¿Así que te casás, rubia? –Interrumpió el silencio formado Nico, ella sólo asintió- ¿Quién lo diría? Hay que ser muy valiente para casarse con esta histérica –habló dirigiéndose a Pablo, riendo, como acostumbraba a hacerlo seguido.

-No me faltes el respeto –dijo soberbiamente la rubia.

-Era un chiste, rubia. Veo que seguís siendo la misma amarga de siempre.

-Te lo dije –decía mientras sonreía, Mariana, y la rubia la fulminaba con la mirada- Sigue siendo la misma. Lo único que cambió fue el gusto. Le gustan las tortas con coco –nadie entendió el doble sentido de sus palabras, excepto Rocío, que la miró extrañada, Lali no podría saberlo- No me mires así rubia. Yo que vos paro de comer un poco, porque sino Pablo no se va a querer casar nada –dijo mientras reía, y Nicolás también lo hacía, creyendo que era un chiste inocente de su parte.

-¿Por qué no te callás tarada? –reaccionó Rocío.

-Bueno, por favor, tranquilícense. ¿Podemos tener una cena en paz? –Carlos trató de calmarlos, en especial a Rocío, que había cambiado, notoriamente, la cara y el humor.

-Sí, Carlos, tiene razón –culminó Pablo, que hablaba por primera vez en toda la cena. Después de unos minutos, la cena terminó, el aire ya no era incómodo, se había convertido en risas, Nicolás era muy simpático y divertido; y le caía bien a casi todo el mundo. Increíblemente, Rocío y Julia, también reían y se divertían.

Más tarde, los padres de las chicas se fueron a descansar, habían pasado las horas demasiado rápido y se excusaron diciendo que habían tenido un agotador día de trabajo. Por supuesto, sólo a Carlos le creyeron; cuando gastar dinero, fuera un trabajo, sería el momento en que tomarían en cuenta lo que dijo Julia.

-¿Qué les parece si vamos a tomar algo y después a divertirnos? –preguntó entusiasta Nicolás mientras le impedía a Ana, levantar la mesa, haciéndolo él.

-Me parece que estás un poco grandecito para eso –habló la rubia.

-Que vos seas una vieja aburrida es otra cosa –rió Mariana -De todas formas, no pienso salir con ustedes. Lo siento, Nico, pero no salgo con abuelitos –le explicó mientras ponía una mano en su hombro.

-Sería al revés, nosotros no deberíamos salir con pendejas –acotó Pablo.

-¿Disculpame? –Preguntó Lali llevando sus manos a su cintura, ya que se encontraba parada al lado de Nicolás- Yo no soy ninguna pendeja.

-Yo nunca te nombré, pero si te sentiste aludida, por algo será –dijo él inventando una excusa poco convincente, ya que era obvio que el comentario era dirigido para ella.

-Era más que obvio que te dirigías a mí.

-No podés probarlo.

-Me cansé de sus peleítas tontas –habló resignada Rocío- cuando se decidan; si es que esto sucede algún día, me llaman- se levantó de su lugar y subió las escaleras. 

-Esto es extraño, pero estoy de acuerdo con la rubia. Buenas noches –Nicolás dejó dicha su última palabra, para después abandonar el comedor.

-Todo por tu culpa, amargo –le echó en cara ella, infantilmente.

-¿Por mí culpa? –Ella asintió- Te recuerdo que fuiste vos –dijo señalándola- la que empezó todo.

-¿Yo? –Preguntó señalándose- ¡Vos!

-Yo no hice nada. Fuiste vos, admitilo –habló, claramente, con la razón.

-Fuiste vos. Siempre sos vos; desde que llegaste sos vos –dijo haciendo caso omiso a lo sucedido hacía instantes- Desde que Rocío te presentó como su prometido, Julia y mi viejo, no paran de hablar de eso. Están seguros que sos el chico perfecto –comenzó a enumerar con sus dedos, mientras aumentaba su tono de voz- que sos el mejor partido y no paran de tirarle tierra a Gas. La rubia, no para de hablar de vos y de la boda. Que el vestido, que el salón, que el catering. Me tienen harta –Pablo, sólo la miraba sorprendido, y un poco asustado a la vez- Nico, ¿Sabés hace cuanto que no viene? Sólo lo hizo por vos y por tu maldito casamiento –dijo resaltando el adjetivo- Arruinás mi vida.

-¿Estoy escuchando bien? O… ¿Vos estás celosa?

-Te juro que esto es muy fuerte para mí –dijo ella, ironizando un llanto falso y ensayando una sonrisa fingida- ¿Te oíste? ¿Cómo voy a estar celosa? ¿Yo? De ninguna manera me da celos que te cases con Rocío.

-Me refería a que te prestan menos atención –le explicó el peli claro.

-Es lo que quise decir –le explicó, ya más tranquila- ¿De qué te reís? ¿Tengo un payaso en la cara? –Preguntó mientras veía como Pablo, apenas sonreía y negaba ante su pregunta- Yo debería reírme del payaso tarado que tengo en frente.

-Me río de lo inmaduros que somos. ¿No te parece? –dijo ignorando su “insulto”.

-¿Yo? ¿Inmadura? Nada que ver –al ver la cara de Pablo, aceptó- Bueno, puede ser, sólo un poco.

-Es –le afirmó él- Los dos, lo somos.

-Un poco de razón, tenés. Siempre peleando. Somos los típicos nenes de jardín, que se pelean porque se gustan- él desvió su mirada, al no saber cómo reaccionar- Obviamente, sin gustarse- le quitó la pesadez de encima.

-Puede ser.

-Es –le afirmó, en ese momento, ella- Parece que les molesta que discutamos –dijo ella, sentándose a su lado.

-A mí también me molesta. No me gusta discutir con vos –por primera vez, se dirigía a ella, de manera serena y tranquila.

-Pero por lo menos me hablaste –lo miró y le dijo Lali- Hacía mucho que no lo hacías –él sólo asintió, con una media sonrisa en su cara- Perdoname por reaccionar así recién, a veces, me siento confundida.

-Olvidate, está todo bien.

-Sos una buena persona y de ninguna manera arruinarías mi vida –colocó una mano en su hombro- Sólo es que, sé que es egoísta de mi parte, pero, a veces, deseo con todo mi corazón que… –hizo una pausa, para que la mirara- no lo hagas.

-¿Qué cosa? –preguntó intrigado.

-Dejá no tiene importancia. Estupideces que pienso, de vez en cuando –dijo evadiendo su pregunta, arrepentida de lo que acababa de confesarle.

-Decímelo, estoy seguro que no es una estupidez; si vos lo pensás, no lo es –la animó a hablar, afortunadamente, ella junto valor e hizo lo que hace mucho quería hacer.

-No te cases –prácticamente, le suplicó, para después abrazarlo.