24 de julio de 2012

22. Básico y complicado.





Mientras corría, en dirección hacia donde Pablo se encontraba, Mariana, aboyaba la nota con su mano derecha. No entendía porque le sucedía lo que le sucedía; obviamente, Pablo, había cometido un error, pero no era eso lo que la enfadaba. No era el hecho de que había sido descuidado, sino, que era algo más, mucho más complejo, que aún no entendía. Pensaba en que decirle mientras, apuraba el paso, bajando los escalones de dos en dos, si iban a discutir, sería favorable que fuera antes de que Rocío, Julia y su padre,                                  regresaran.

Lo encontró aún en el despacho de su padre, hablando por teléfono. Escuchaba que hablaba con un tal “Benja”, era un amigo de él, lo había oído mencionarlo alguna que otra vez. Inicialmente, no comprendía la conversación, pero luego, comenzó a sospechar a qué se refería. Tenía problemas, seguramente, y por un momento se arrepintió de ir a generarle más; pero necesitaba descargarse y decirle las cosas de frente. No lo pensó demasiado, abrió la puerta y gritó.

-¿Qué te pensaste tarado? –gritó, sin preocuparse por la persona del otro lado del tubo, o porque llegara a escucharla Nicolás, que se encontraba cerca de allí.

-Benja, te dejo. Tengo otros problemas por acá –le dijo el peliclaro al teléfono.

-¿Lali? –preguntó riendo Benjamín, desde su trabajo- Escuché sus gritos. Te va a volver loco –aún reía.

-Chau –finalizó, cortando la comunicación, ignorando la risa de su amigo- ¿Qué te pasa? –preguntó, ante la enojada Mariana, que veían sus ojos- Veo que encontraste mi nota –aseguró al ver lo que sostenía el papel en su mano derecha, mientras daba media vuelta en su silla.

-Sos un idiota. ¿Lo sabías? –Pablo la miró sorprendido, y no le respondió, temía como podría llegar a reaccionar- Sí, sos un idiota y si no lo sabés, lo vas a saber –dijo cerrando la puerta.

-Repito. ¿Qué te pasa que estás tan loca? –volvió a preguntar.

-¿Yo soy la loca? ¡Vos estás loco! –dijo acercándose a él, ya sin gritar- ¿Cómo vas a dejar esto en mi cuarto? –Dijo casi susurrando- Cualquiera podría haberlo visto.

-¿Alguien lo vio? –preguntó, sin preocuparse, levantándose de donde estaba sentado para dar la vuelta al escritorio, y pararse frente a ella.

-Sí, Nico –dijo Lali, posando la nota sobre el escritorio con un golpe; ahora ella, sin darle mucha importancia. Pablo, abrió los ojos, para después intercambiar el lugar con ella- La libretita que estaba en mi cama era de él- El muchacho la miró, aún más sorprendido. Él se encontraba de espaldas a la puerta, mientras que ella estaba de frente con ambas manos sobre el escritorio de Carlos- Pero, le dije que era para la rubia. Tenemos suerte de que sea ingenuo, yo nunca lo habría creído.

-Entonces, ¿Cuál es el problema? –preguntó, un tanto, harto de la situación.

-Primero que sos un inexperto en este tipo de cosas- Pablo, la miró, con una media sonrisa, ni siquiera así podría enojarlo- Y eso se nota- dijo, para luego dirigirse a la silla, donde se encontraba el peliclaro, minutos antes- Segundo, yo no valgo una simple despedida de soltero- dijo, ya sentada, mirándolo seria, luego de cruzar sus brazos.

-Era eso –afirmó, mientras ella miraba para un lado- ¿Es eso lo que te puso tan loquita? –preguntó acercándose hacia donde ella se encontraba, acarició su cabeza, para después, hacerlo en su mejilla.

-Obvio que era eso –dijo Mariana, esquivando su mirada, cuando el muchacho se ubicó en cuclillas, junto a ella- Y no quiero hacerlo.

-Creí que querías. Yo me muero de ganas –le dijo Pablo, acariciando su mejilla, sin dudas, había sido demasiado directo, cosa que ella no acostumbraba a ver, dirigido de él- Pero sí vos…

-No me refiero a eso –dijo, ahora sí, mirándolo a los ojos- No hablo de tener sexo con vos. No quiero seguir con esto.

-¿De qué hablás? –le preguntó, intrigado por su respuesta.

-De esto, de lo que estamos haciendo. Es horrible, yo no soy así –dijo parándose, lo corrió y caminó en dirección a la puerta, para evadir su cuerpo.

-Esperá, no te vayas –le pidió, parándose, inmediatamente- Sé que está mal, pero no lo podemos manejar- le dijo, mientras la tomaba por su brazo derecho.

-Vos no podrás –le dijo ella, señalándolo con su dedo índice- Yo sí puedo.

-Te confundís –dijo, colocando ambas manos en sus hombros, para acercarla, más a él- No vamos a poder –dijo, cuando ya no pudo estar más cerca de sus labios- ¿Sabés por qué? –Mariana, negó con su cabeza- Porque me gustás demasiado. Me confundís y no sé si quiero casarme.

-¿Vos te escuchás cuando hablás? –Reaccionó, una vez, que se dio cuenta que Pablo la estaba por besar- No vas a venir con este tipo de cosas –quiso separarse- Sos tan básico y complicado –dijo, intentando continuar enfadada, aunque una pequeña sonrisa, se hacía presente en su cara. No podía enojarse demasiado con ese hombre, tenía algo, y ese algo, la hacía olvidarse de todo.

-Lo nuestro es así –dijo acariciando su mejilla derecha.

-Pablo, entendé que acá, no hay nada “nuestro” –él la miró, y notó ella se alejaba de su cuerpo- Vos tenés lo tuyo con la rubia, y yo…

-Lo tuyo con Gastón –dijo Pablo, asintiendo, alejándose aún más, con ambas manos en la cintura. Dio media vuelta, para darle la espalda; no entendía por qué, pero le molestaba tanto ese tipo, siempre rondándole a su… ¿Su qué? Lali no era de él, mucho menos, era algo de él.

-No –él giró, demasiado rápido, al oír sus palabras- Se terminó todo con él- dijo serena.

-¿Me hablás en serio?

-Obvio –dijo Lali, con una sonrisa.

-¿Se terminó todo? –Ella asintió- ¿Segura? ¿Todo?

-Bueno, todo no –dijo Mariana, luego de revolear sus ojos hacia la derecha- Somos amigos.

-¿El mismo tipo de amistad que tuvieron hasta ahora? –preguntó cruzando sus brazos, levantando sus cejas.

-¡No! –Exclamó exageradamente- ¿Qué tiene que ver?

-Todo tiene que ver –dijo, también, exageradamente, abriendo ambos brazos.

-Yo estoy loca, o vos... ¿Me estás haciendo una escena de celos? –Preguntó mientras se señalaba, ella misma- Y encima, por algo que ya no existe –dijo, no pudiendo comprender la situación.

-No –negó convencido.

-–afirmó divertida.

-Te digo que no, mirá si me voy a poner celoso.

-Te digo que sí –dijo cruzando sus brazos.

-Sí, estoy celoso –admitió Pablo- ¿Querés que lo repita? –Dijo para después dar unos pasos, para quedar de espaldas a la puerta- ¡Me revienta tu relación con Gastón! –Prácticamente, gritó- ¿Contenta? –Giró, para volverla a mirar a la cara.

-¿Te molesta  que Mariana esté con Gastón? –Se escuchó. Ni Pablo, ni Lali, habían escuchado la puerta abrirse, sólo oyeron lo que ocurrió a continuación- Me gustaría saber por qué –era ella, la persona que menos hubieran deseado que escuchara cierta conversación. Rocío se encontraba cruzada de brazos, con su rostro compungido, y sus cejas, sin relajarse; no entendía lo que sucedía allí dentro. Pablo, se maldecía a sí mismo; Mariana, mantenía una lucha interna, por un lado, algo le decía que se iba a pudrir todo, por el otro, existía ese toque de esperanza que decía que todo lo que estaba pasando iba a ser para bien.

9 de julio de 2012

21. Sería mejor.




Ya había terminado todo lo que tenía que hacer. Seguía caminando, mientras que los primeros días de otoño se hacían notar. Había decidido no salir en su auto, Pablo la había llevado hasta la oficina, y si bien, le había ofrecido transportarla hasta su destino, ella había elegido que no lo hiciera. Le gustaba el ruido que hacían las hojas, cuando crujían bajo sus pies; realmente le gustaba. Gastón la había llamado, y Mariana, estaba decidida. Apenas dobló en la esquina, pudo verlo sentado en la mesa de la ventana del bar, que se encontraba al frente de “MSC”. Ingresó al lugar, conectaron sus miradas, ambos sonrieron. Cuando ella se acercó y lo saludó con un beso, en la mejilla, Gastón supuso lo que vendría; no estaba tan equivocado, por más que no fuera completamente. Llevaban unos minutos de conversación, Lali, finalmente comentó, lo que en realidad, había ido a decirle.

-No vas a hacer eso –trataba de autoconvencerse.

-Sí, voy a hacerlo. Va a ser lo mejor –le explicaba Lali. Continuaban en el bar, cerca de la empresa, ya que se habían reunido en el descanso de Gastón.

-¿Por qué? –trató de entender.

-Porque lo necesito. Creo que se cumplió una etapa, necesito algo de libertad –dijo revoleando sus ojos hacia a la izquierda, mientras levantaba una ceja hacia el mismo lugar.

-¿Más de la que tenés? –le dijo, incomprendido, levantando ambas cejas.

-Gas, por favor, entendeme –le dijo acariciando su mejilla, desde el otro lado de la mesa, mientras que con su mano izquierda arrugaba una servilleta, para después, morder su labio inferior.

-Te entiendo –dijo, e hizo una pausa, pensando un poco- ¿Es por Pablo?

-¿Qué tiene que ver Pablo en esto? –Dijo evasiva- Es por mí.

-¿Me vas a extrañar? –le preguntó, con una sonrisa triste en su cara, ya rendido, entendiendo que no la haría cambiar de opinión.

-Obvio –dijo ella, sonriendo, también- ¿Vos?

-¿Tenés dudas de eso? –Ella negó, para después abrazarlo, y que él respondiera de la misma manera- Te amo.

-Yo igual –le dijo, por primera vez, sintiéndolo. Lo amaba, no de la misma manera que él, pero era sincera. Se habría confundido desde un principio, serían amigos, y le encantaba que así fuera- Sos una buena persona. Ojalá seas feliz, te lo merecés –dijo terminando el abrazo.

-Vos también –dijo, para volverla a abrazar.

Ya estaba de vuelta en su casa. Todo era un caos, gente que corría de un lado a otro. No le sorprendía que Rocío, estuviera, también de acá para allá. Se sentía liviana, las cosas con Gastón habían resultado mejor de lo que había creído; imaginó que a él podría interesarle alguien más, tal vez, Daniela, por alguna razón la había mencionado. Se sorprendió a sí misma, al alegrarse por eso, sería lindo que Gastón rehiciera su vida, con quien fuera.

Se topó con la rubia, que casi ni la registró; le resultó imposible no recordar la boda. Le resultó imposible, no recordarlo. Pensó en hablar con él, dudo demasiado hacerlo. Sería mejor, que se enterara de la notica, junto a los demás, o al menos, ante ellos, no podría reclamarle nada. Sin dudas, iba a ser mejor.

Quiso llegar rápido a su cuarto. Según sus cálculos, Pablo, debería permanecer, todavía en su trabajo; pero temía equivocarse, encontrarlo, terminar contándole todo, y arrepentirse de su decisión. Se equivocó como últimamente le sucedía. Lo vio, sentado en el escritorio de su padre, hablaba por teléfono, por suerte, este hecho lo tenía distraído, y no notó su presencia, ni su mirada a través de la puerta, semi abierta.

Lali, subió las escaleras, llegó a su cuarto; jamás creyó encontrar a Nicolás, sentado en su cama, con una mirada indescifrable, no pudo, ni siquiera imaginar, alguna razón; sólo ingresó.

-¡Qué carita! ¿Pasó algo y yo no me enteré? –dijo, mientras retiraba su bandolera de su cuerpo, y la apoyaba en la silla del escritorio.

-Lo mismo te pregunto yo. ¿Pasó algo? –preguntó, Nico, cruzando sus brazos.

-No –dijo, tranquila, sin dudarlo; negando al mismo tiempo con su cabeza.

-¿Segura? ¿No hay nada que le quieras contar a tu tío, a una de las personas que más confías?

-Mmm… –dijo, haciéndose la reflexiva- No.

-Entonces, voy acabar pensando que esto no existe –dijo, enseñando, un papel doblado; se notaba que formaba parte de una libreta, y había sido arrancado.

-¿Qué es eso? –preguntó, intentando arrebatárselo, sentándose, a su lado, lo que Nicolás impidió, levantando el brazo izquierdo, el cual sostenía el papel.

-¿No sabés lo que es? –Ella negó- Es una nota –le aseguró, aún no creyéndole demasiado.

-Bien, vamos avanzando –ironizó- Una nota. ¿Y?

-Yo vine a tu cuarto, a despertarte, pero resulta, que vos no estabas dormida, ni despierta –comenzó, creyéndole de a poco.

-Sí, tenía que hacer unos trámites –aseguró- ¿Podés ir al punto Nicolás? –insistió.

-Pablo llegó, le pregunté si te había visto; me dijo que habías salido temprano. Me di cuenta que me había olvidado, mi libreta, en tu habitación y vine a buscarla –dijo, haciéndole notar que ya había terminado.

-Sigo sin entender –dijo agitando, ambas manos solo un poco.

-¡Ay Lali! Que Pablo, agarró la libreta, creyendo que era tuya, y escribió esto –dijo, mientras, desplegó el papel, ante sus ojos- “Estoy esperando con ansias que me hagas mi despedida de soltero. Nos vemos a la noche. Pablo” –dijo, repitiendo lo que estaba escrito, en la nota.

-Eso no es para mí –ensayó rápidamente, parándose y hacer una mini caminata, un tanto, nerviosa.

-¿No? Entonces, ¿Para quién es? –le preguntó, un poco molesto, por lo que sospechaba, y otro tanto, porque lo enojaba que ella le ocultara cosas.

-Es... –comenzó a decir, mientras que Nicolás, la miraba con cara de insistencia- Para… Rocío.

-¿Para tu hermana? –preguntó incrédulo, levantando sus cejas.

-Hermanastra, mejor dicho –lo corrigió, inmediatamente.

-Como sea. ¿Para ella?

-Sí, es para ella. Pablo... –comenzó a fabular, nuevamente- me dijo que me iba a dejar un papel en mi cuarto, para que yo se lo diera a la rubia.

-¿Y por qué no se los da él? –Dijo, lógicamente- La ve más que vos.

-Ahora sos vos el que no entiende. Para que sea más romántico –dijo con una sonrisa, festejando, haber podido inventar una excusa.

-¿Y que tiene esa nota de romántico?

-Bueno, Pablo, no es el hombre más romántico del mundo. Pero, hay que valorar su esfuerzo. ¿No te parece?

-Sí, puede ser –dijo, aún receloso. Había algo que no le cerraba completamente.

-Buenísimo. Ahora, que no hay más preguntas, ¿Te podés retirar? Necesito un poco de privacidad –dijo levantándose, e invitándolo a hacer lo mismo con sus manos.

-Chau –contestó, Nico, ya afuera de la habitación, cortantemente.

-Chau –le respondió ella, de la misma manera, para luego, cerrar la puerta- Una nota –dijo sonriente- Quiere su despedida de soltero conmigo –aún, sonreía, y mordía su labio inferior, con su mano derecha sobre su pecho; apoyando su espalda sobre la puerta- ¡Quiere su despedida conmigo! –gritó, enojada. Reaccionó, de inmediato, tomó la nota que había quedado sobre su cama- Te voy a matar Pablo Martínez –susurró, para sí misma, para después salir casi corriendo hacia el despacho de su padre.