Mientras corría,
en dirección hacia donde Pablo se encontraba, Mariana, aboyaba la nota con su
mano derecha. No entendía porque le sucedía lo que le sucedía; obviamente, Pablo,
había cometido un error, pero no era eso lo que la enfadaba. No era el hecho de
que había sido descuidado, sino, que era algo más, mucho más complejo, que aún
no entendía. Pensaba en que decirle mientras, apuraba el paso, bajando los
escalones de dos en dos, si iban a discutir, sería favorable que fuera antes de
que Rocío, Julia y su padre, regresaran.
Lo encontró aún en
el despacho de su padre, hablando por teléfono. Escuchaba que hablaba con un
tal “Benja”, era un amigo de él, lo había oído mencionarlo alguna que otra vez.
Inicialmente, no comprendía la conversación, pero luego, comenzó a sospechar a
qué se refería. Tenía problemas, seguramente, y por un momento se arrepintió de
ir a generarle más; pero necesitaba descargarse y decirle las cosas de frente.
No lo pensó demasiado, abrió la puerta y gritó.
-¿Qué te pensaste tarado? –gritó, sin
preocuparse por la persona del otro lado del tubo, o porque llegara a
escucharla Nicolás, que se encontraba cerca de allí.
-Benja, te dejo. Tengo otros problemas por
acá –le dijo el peliclaro al teléfono.
-¿Lali? –preguntó riendo Benjamín, desde
su trabajo- Escuché sus gritos. Te va a
volver loco –aún reía.
-Chau –finalizó, cortando la
comunicación, ignorando la risa de su amigo- ¿Qué te pasa? –preguntó, ante la enojada Mariana, que veían sus
ojos- Veo que encontraste mi nota –aseguró
al ver lo que sostenía el papel en su mano derecha, mientras daba media vuelta
en su silla.
-Sos un idiota. ¿Lo sabías? –Pablo la
miró sorprendido, y no le respondió, temía como podría llegar a reaccionar- Sí, sos un idiota y si no lo sabés, lo vas
a saber –dijo cerrando la puerta.
-Repito. ¿Qué te pasa que estás tan loca?
–volvió a preguntar.
-¿Yo soy la loca? ¡Vos estás loco! –dijo
acercándose a él, ya sin gritar- ¿Cómo
vas a dejar esto en mi cuarto? –Dijo casi susurrando- Cualquiera podría haberlo visto.
-¿Alguien lo vio? –preguntó, sin
preocuparse, levantándose de donde estaba sentado para dar la vuelta al
escritorio, y pararse frente a ella.
-Sí, Nico –dijo Lali, posando la nota
sobre el escritorio con un golpe; ahora ella, sin darle mucha importancia.
Pablo, abrió los ojos, para después intercambiar el lugar con ella- La libretita que estaba en mi cama era de
él- El muchacho la miró, aún más sorprendido. Él se encontraba de espaldas
a la puerta, mientras que ella estaba de frente con ambas manos sobre el
escritorio de Carlos- Pero, le dije que
era para la rubia. Tenemos suerte de que sea ingenuo, yo nunca lo habría
creído.
-Entonces,
¿Cuál es el problema?
–preguntó, un tanto, harto de la situación.
-Primero que sos un inexperto en este tipo
de cosas- Pablo, la miró, con una media sonrisa, ni siquiera así podría
enojarlo- Y eso se nota- dijo, para
luego dirigirse a la silla, donde se encontraba el peliclaro, minutos antes- Segundo, yo no valgo una simple despedida
de soltero- dijo, ya sentada, mirándolo seria, luego de cruzar sus brazos.
-Era eso –afirmó, mientras ella miraba
para un lado- ¿Es eso lo que te puso tan
loquita? –preguntó acercándose hacia donde ella se encontraba, acarició su
cabeza, para después, hacerlo en su mejilla.
-Obvio que era eso –dijo Mariana, esquivando
su mirada, cuando el muchacho se ubicó en cuclillas, junto a ella- Y no quiero hacerlo.
-Creí que querías. Yo me muero de ganas
–le dijo Pablo, acariciando su mejilla, sin dudas, había sido demasiado
directo, cosa que ella no acostumbraba a ver, dirigido de él- Pero sí vos…
-No me refiero a eso –dijo, ahora sí,
mirándolo a los ojos- No hablo de tener
sexo con vos. No quiero seguir con esto.
-¿De qué hablás? –le preguntó, intrigado
por su respuesta.
-De esto, de lo que estamos haciendo. Es
horrible, yo no soy así –dijo parándose, lo corrió y caminó en dirección a
la puerta, para evadir su cuerpo.
-Esperá, no te vayas –le pidió,
parándose, inmediatamente- Sé que está
mal, pero no lo podemos manejar- le dijo, mientras la tomaba por su brazo
derecho.
-Vos no podrás –le dijo ella,
señalándolo con su dedo índice- Yo sí
puedo.
-Te confundís –dijo, colocando ambas
manos en sus hombros, para acercarla, más a él- No vamos a poder –dijo, cuando ya no pudo estar más cerca de sus
labios- ¿Sabés por qué? –Mariana,
negó con su cabeza- Porque me gustás
demasiado. Me confundís y no sé si quiero casarme.
-¿Vos te escuchás cuando hablás?
–Reaccionó, una vez, que se dio cuenta que Pablo la estaba por besar- No vas a venir con este tipo de cosas –quiso
separarse- Sos tan básico
y complicado –dijo,
intentando continuar enfadada, aunque una pequeña sonrisa, se hacía presente en
su cara. No podía enojarse demasiado con ese hombre, tenía algo, y ese algo, la
hacía olvidarse de todo.
-Lo nuestro es así –dijo acariciando su
mejilla derecha.
-Pablo, entendé que acá, no hay nada
“nuestro” –él la miró, y notó ella se alejaba de su cuerpo- Vos tenés lo tuyo con la rubia, y yo…
-Lo tuyo con Gastón –dijo Pablo,
asintiendo, alejándose aún más, con ambas manos en la cintura. Dio media
vuelta, para darle la espalda; no entendía por qué, pero le molestaba tanto ese
tipo, siempre rondándole a su… ¿Su qué? Lali no era de él, mucho menos, era
algo de él.
-No –él giró, demasiado rápido, al oír
sus palabras- Se terminó todo con él-
dijo serena.
-¿Me hablás en serio?
-Obvio –dijo Lali, con una sonrisa.
-¿Se terminó todo? –Ella asintió- ¿Segura? ¿Todo?
-Bueno, todo no –dijo Mariana, luego de
revolear sus ojos hacia la derecha- Somos
amigos.
-¿El mismo tipo de amistad que tuvieron
hasta ahora? –preguntó cruzando sus brazos, levantando sus cejas.
-¡No! –Exclamó exageradamente- ¿Qué tiene que ver?
-Todo tiene que ver –dijo, también,
exageradamente, abriendo ambos brazos.
-Yo estoy loca, o vos... ¿Me estás haciendo
una escena de celos? –Preguntó mientras se señalaba, ella misma- Y encima, por algo que ya no existe
–dijo, no pudiendo comprender la situación.
-No –negó convencido.
-Sí –afirmó divertida.
-Te digo que no, mirá si me voy a poner
celoso.
-Te digo que sí –dijo cruzando sus
brazos.
-Sí, estoy celoso –admitió Pablo- ¿Querés que lo repita? –Dijo para
después dar unos pasos, para quedar de espaldas a la puerta- ¡Me revienta tu relación con Gastón! –Prácticamente,
gritó- ¿Contenta? –Giró, para
volverla a mirar a la cara.
-¿Te molesta
que Mariana esté con Gastón? –Se escuchó. Ni Pablo, ni Lali, habían
escuchado la puerta abrirse, sólo oyeron lo que ocurrió a continuación- Me gustaría saber por qué –era ella,
la persona que menos hubieran deseado que escuchara cierta conversación. Rocío
se encontraba cruzada de brazos, con su rostro compungido, y sus cejas, sin
relajarse; no entendía lo que sucedía allí dentro. Pablo, se maldecía a sí
mismo; Mariana, mantenía una lucha interna, por un lado, algo le decía que se
iba a pudrir todo, por el otro, existía ese toque de esperanza que decía que
todo lo que estaba pasando iba a ser para bien.


