24 de enero de 2012

2. Un buzo azul.


Gastón la seguía esperando, con sus amigos, Agustín y Victorio. Estaba arrepentido de haberlos llamado, cualquier amigo lo hubiera apoyado, pero eran ellos, más que apoyarlo, se burlaban de la situación: Gastón, tarado, por una nena que lo llevaba de las narices.

-No es tan chica, si se ponen a pensar –siempre la defendía, no importaba lugar, hora, ni fecha, ni siquiera que estuviera muy enojado con ella. ¿Explicación? Estaba enamorado.

-Sí, seguro. No es una nena, pero tiene dieciocho, se enoja por cosas sin importancia. Es obvio, que no es una nena –Agustín disfrutaba de molestar a Gastón, era su amigo, pero le divertía demasiado. Gastón sabía que en el fondo, lo hacía porque lo quería.

-No Agus, el que se enoja por cualquier cosa es él, no la nena. Si no, ¿por qué estamos acá? –enseguida consiguió la complicidad de Victorio, quien lo dijo, seguido de una carcajada.

-¡Basta, no le digan “nena”! –Gastón, ya se estaba cansando de las bromas de sus amigos. Estaba preocupado, suponía, correctamente, que la lluvia era un obstáculo para Mariana y que por eso se había retrasando.

-Está bien si querés no le digo “nena”, le digo “mujer”, y de las más buenas que vi –ya saltaba la debilidad por las mujeres de Agustín. Las “minitas”, como las llamaba él, eran su perdición.

-Callate, ¿querés? –el rubio le contestó de mala manera, antes de notar que su amigo no conocía Lali y era imposible que supiera lo bella que era. Estaba a punto de decírselo, pero notó que Agustín estaba mirando hacia donde él miraba hace un rato.

Allá estaba Lali, tan hermosa como siempre, se bajaba de un auto muy ostentoso, que no recordaba de donde lo conocía, mientras… ¿veía bien? Sí, se ponía un buzo azul, y lo más importante, no era de ella, se distinguía a lo lejos que era de un hombre, le quedaba enorme. La vio saludar al conductor del auto, quien no permitía que fuera visto su rostro, gracias a los vidrios polarizados. Mariana le lanzó un beso al desconocido, porque, según suponía Gastón, era un hombre, y el dueño del buzo azul.

Minutos antes:

Mariana creía que estaba perdida, Gastón ya le había perdonado muchas, y pensaba que ésta oportunidad sería la excepción. Escuchó un chistido a sus espaldas, actuó como si no hubiera pasado nada, pero lo volvió a oír.

-Che, Lalita, ¿te querés seguir mojando? –por fin el chistido molesto se transformaba en voz, y por suerte era una conocida.

-¿Y qué te hace pensar que sí? –dijo dando media vuelta, odiaba cuando la llamaban así.

-No sé, claramente, te hacés la que no escuchás.

-Mirá estoy apurada, me estoy mojando, y no es uno de los mejores días de mi vida, así que hablá, Pablo –aunque lo iba negar a muerte a quien se lo pregunte, estaba fastidiada por la prueba, hubiera jurado que hoy si la aceptarían.

-Te llevo, obvio, si querés. ¿Querés?

-Por favor, gracias –Mariana se encontraba tan desesperada, que aceptó la propuesta, por más que fuera de parte del intratable de Pablo, con quien no tenía las mejores de las relaciones. 

Ya en el auto, Mariana y Pablo, peleaban, discutían, como cada vez que estaban juntos.

-¡Te digo que sí! –“la petisita”, como él la llamaba, era polvorita y no se callaba, absolutamente nada, por más que Pablo tuviera casi más de diez años que ella.

-Por favor, ¿quién te lo compró? ¿Tu novio raro? –señalaba de manera desagradable.

-Primero, no es mi novio, y segundo, me lo compré yo misma, no necesito de nadie para saber cómo y con qué vestir –le molestaba que Pablo no le creyera que el vestido para el casamiento del peli claro se lo había elegido ella misma, le molestaba todo lo que viniera dirigido de él. Le extrañaba que se hubiera ofrecido de manera tan oportuna a llevarla a su destino, le extrañaba excesivamente.

-Claro, se nota. Por cierto lindo, lindo… -buscaba las palabras para describir lo que Mariana llevaba encima de su ropa, pero no las encontraba.

-Es un piloto, anunciaron tormenta y como tenía que salir, lo tomé. Y… ¿qué estoy haciendo dándote explicaciones de cómo me visto a vos?

-Por supuesto, se la tendrías que dar a tu novio y no a mí.

-Está muy claro que nunca superaste esa etapa de los veinte, en que lo único que importa es hacerse el canchero.

-Yo no la superé, pero vos ni siquiera la alcanzaste. Así, que no opines. ¿Tenés frío?

-Un poco –reaccionando- ¿Qué tiene que ver eso con lo que estábamos hablando?

-Nada, pero si querés, te lo presto –dijo señalando un buzo azul que se encontraba en el asiento trasero del vehículo, mientras continuaba conduciendo hacia el destino que Lali le había indicado.

-No entiendo nada. ¿Qué te hizo la rubia, que estás tan amable?

-No me hizo nada, soy amable porque soy amable –pasaba algo extraño, Pablo no era así, y mucho menos con ella; es más, si podía ser mucho peor, lo era.

-Como sea… ¿Te podés apurar que voy a llegar tarde? –Mariana se irritaba de a poco.

-Me apuro, pero no me contestaste.

-¿Qué cosa?

-Si querías que te preste el buzo o no, y como tu respuesta a mi pregunta, sobre si tenías frío fue “un poco”, me imagino que la respuesta a ésta va a ser un “sí”. ¿O me equivoco? –lo dijo calmado, como para que Lali entendiera lo que le quería decir. La miró con sus ojos tranquilos, diciendo todo lo que su voz no podía decir, lo que ella no captó, y Mariana no lo pudo decodificar más que como un gesto soberbio de su parte. 

-No me mirés así.

-¿Cómo?

-Así –lo señaló- Como si supieras todo lo que quiero, o lo que te voy a decir.

-No sé lo que me vas a decir, pero si querés agarralo porque ya llegamos.

Mariana agarró el buzo azul, se quitó el piloto y se lo puso mientras descendía del coche, un simple y bajo “chau”, casi imperceptible, se escuchó de parte de ella. Sin embargo, Pablo lo oyó y le contestó con otro “chau”, como si la despidiera para toda la vida, seguido de un “cuidáte”, que a Mariana le encantó oír.

-Gracias por, por… traerme y por el buzo. Sos lo más –lo despidió con una sonrisa, ya abajo del auto, le lanzó un beso; no supo porque lo hizo, sólo tuvo el impulso de hacerlo. Lo saludó levantando la mano, dio media vuelta y se dirigió a tocarle el timbre, a quien por ahora, era su mejor amiga.  Mientras pensaba en el por qué su cuñado, que se casaría con su hermanastra Rocío, la había tratado con tanta simpatía y amabilidad. 

1 comentario:

  1. no entendi la ultima parte, osea pablo es el cuñado de lali??

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