2 de febrero de 2012

3. Decile adiós.



Eugenia estaba en su mundo, la música nunca se apagaba, y más si tenía sus auriculares a mano para poder casi escaparse, por un momento, de sus problemas. Por lo menos hoy, necesitaba hacerlo. La mayoría de sus días no eran del todo buenos, pero esta semana habían sido fuera de lo habitual. Primero, empezando por Matt, su novio, le había mentido, tenía otra; o en realidad ella era la otra. La típica indignación que se veía que las mujeres sentían en las películas románticas, no era ficción, era cierta, y en ocasiones como ésta, mucho peor. Sin embargo, ella había aceptado ser la segunda; una Eugenia de otra época jamás lo hubiera permitido, pero ésta estaba enamorada. Segundo, todavía recordaba las palabras de su mejor amiga diciéndole que no se rebajara, lo que causó otra de sus famosas peleas, por más que supiera que Lali tenía razón, su orgullo no la dejaba admitirlo.

Flashback:

-Por favor, Eugenia, no te rebajes, y mucho menos por Matt. No se lo merece. Decile “adiós” –por más que la morocha quería hacerla entrar en razón, la rubia era cabeza dura- Hacete valorar.

-La que decide si se lo merece o no, soy yo. Y creo que sí, que lo amo, y que le voy a dar una segunda oportunidad –a ella dando fundamentos nadie la vencía, pero se había olvidado que Mariana, cuando quería ganar, ganaba.

-Sería una segunda oportunidad si te hubiera pedido perdón, pero ni siquiera eso. Te dijo que estaban esperando un hijo. ¡Un hijo! Si por lo menos, no te importa discriminarte así, pensá que vas a destruir una familia.

-Sos la menos indicada para hablar. Lo mismo que me hace Matt a mí, se lo hacés vos a Gastón –ya estaba enojada, y no podía con su mal genio.

-¿Qué tiene que ver Gastón en todo esto? Lo del rubio es diferente –no entendía por qué su amiga salía con éstas cosas. Todas sus peleas habían sido por temas propios, y si bien ella la había empezado, jamás habían tocado en ninguna el tema “Gastón”.

-Sabés que no es diferente. Seguro sus amigos lo aconsejan diciéndole lo mismo que me estás diciendo a mí, que no se rebaje estando con vos.

-Él no se rebaja estando conmigo –Mariana jamás había visto la situación de ese modo.

-Yo tampoco me rebajo estando con Matt. Y ya te digo, que si vas a seguir criticándome, en lugar de apoyarme, allá está la puerta –dijo la rubia dejándole en claro cuál era su intención.

-¿Sabés qué? Chau, la verdad que no te entiendo, flaca –Mariana no era de rogarle a las personas, y menos por temas que no correspondían a su interés.
Sin decir nada más, se fue, no sin antes dar un fuerte portazo cuando atravesó la entrada, dándole por seguro, que sabía perfectamente donde estaba la puerta.

Fin del flashback.

Ahora, Mariana tocaba el timbre, pero la rubia no escuchaba, el volumen al 100% más la lluvia hacían que ningún sonido, excepto sus canciones favoritas de Miley Cyrus, llegaran al oído de Eugenia. Lali se estaba mojando, aunque la lluvia no era tan fuerte como antes, todavía humedecía. Tocó reiteradas veces, sin recibir respuesta. Al ver que nadie le abría, se tomó el atrevimiento de pasar por la puerta lateral, que sabía que Euge siempre dejaba abierta.

-¿No me pensabas abrir? –apareció de repente en medio de la sala, pero Eugenia no registro su presencia. Se atrevió a darle una suave palmada sobre su hombro, a ver si esta vez lo lograría. La rubia ésta vez, si captó su llegada.

-¿Qué hacés acá? –se había sacado los auriculares, apenas sintió que la tocaron. Cuando dio media vuelta, se encontró con su amiga, con una sonrisa, como si todo el enojo de aquella tarde se hubiera esfumado; si bien se habían peleado y no estaba dispuesta reconciliarse, todavía la consideraba su amiga.

-¡Wow! ¿Ni un “hola” me decís?

-¿Por qué debería decirle “hola” a una intrusa que entra a mi casa sin avisar? ¿Cómo entraste? –el enojo no había pasado, estaba todo como antes, por lo menos, hasta el momento.

-No soy una intrusa, soy tu amiga, y la única que sabe que dejas la puerta lateral abierta- ya estaba cruzada de brazos y sentada en el sillón de Eugenia, amaba ese sillón, por el hecho que era el primero donde podía recostarse sin escuchar la insoportable voz de su madrastra diciendo que arrugaba los cojines.

-Como sea. Voy por una toalla, estás toda mojada –se levantó de su lugar, para dirigirse al cuarto.

-¡Ay! Que considerada, no querés que me enferme –Lali se enterneció con la buena actitud de su amiga.

-Gracias por lo de “considerada”, pero no era por si te enfermabas, me estás mojando toda la alfombra y “mi” sillón –dio un giro y se fue a buscar lo antes dicho a la habitación.

-¡Ay! ¡Qué mala! –era cierto, Mariana en ocasiones podía ser muy madura, pero en otras era una nena con dieciocho años.

Cuando Eugenia regresó y le entregó la toalla que le había prometido, Mariana no espero más para pedirle el favor.

-Yo sé que vos y yo estamos un poquito peleadas, por una pavada, básicamente –decía mientras se secaba el cuello.

-Qué lástima que para vos mis sentimientos sean pavadas –habló la rubia, interrumpiéndola.

-Yo no quise decir eso –trató de excusarse como pudo, mientras se atajaba con sus manos negando.

-¿Para qué viniste? ¿Qué necesitas?

-Eugenia, ¿no me conocés todavía? ¿Qué te hace pensar que yo…? –preguntó señalándose- Mirá, si vos pensás que yo… Que Mariana Esposito pretende… -hablaba mientras se hacía la ofendida y la rubia la miraba con cara obvia- ¿Pedirte algo? -ya no necesitaba dar más vueltas- Necesito que cuando venga Gastón finjas como que está todo bien entre nosotras, y si pregunta si estuve con vos toda la mañana, le digas que sí. No es mucho lo que pido –habló muy rápido, sin embargo, su amiga le entendió.

-Lo voy a hacer, sólo si me contás qué hiciste y por qué le mentiste.

-Fui a una audición. Era sólo hoy, para la película, la de la cantante, que te conté –se entusiasmaba cada vez que hablaba de la cantidad de castings a los que asistía.

-¿Otra vez? Y… ¿cómo te fue? –Se sentó a su lado. Aunque quería mostrarse indiferente con su amiga y estar enojada, le resultaba imposible.

-Mal, me dijeron que me iban a llamar, pero viste como es.

-Entiendo que es tu sueño, pero, me parece que no es lo tuyo. Ya perdí la cuenta de cuántas audiciones hiciste. A lo mejor, si aceptás la idea de tu viejo, ingresás a la facultad de derecho y él te consigue laburo en su estudio.

-Puede ser, a lo mejor tenés razón, pero no me veo encerrada en ese estudio, atrás de un escritorio, todo el día.

“…I´m sexy and I know it…” era el teléfono de Mariana que estaba sonando, al ritmo de Lmfao, ringtone que cambió cuando venía en el coche con Pablo y no tenían tema de acuerdo en común.

-Mariana, estoy afuera, en la esquina ¿podés salir? –fue lo único que escuchó, al atender.

-Ahora salgo –le dijo a Gastón- parece, que no le vas a tener que decir nada a Gas, porque me está esperando afuera, y creo que está apurado –ya se dirigía a Euge.

-Buenísimo, odio mentir –dijo aliviada.

-Chau, nos vemos –Lali se olvidó de la pelea en el instante en que fue a saludar a la rubia. Luego de un beso en la mejilla de su amiga, se dirigió a la salida y la atravesó.

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