9 de febrero de 2012

4. No me falles.




Gastón acababa de ver a Mariana entrar a la casa de Eugenia, se le partió el corazón cuando comprobó que su chica le había mentido. Estuvo pensando en eso por minutos, sabía que le mentía siempre, pero ésta vez era diferente. Ella le había prometido que nunca más lo haría, no había cumplido su promesa y eso lo lastimaba. Reaccionó cuando la voz de Agustín interrumpió sus pensamientos.

-Che, man… En vez de tanto pensar, ¿Por qué no la llamás para que venga? –el cachetón ya se estaba cansando de esperar, todo por “la pendeja”.

-¿Si, no? Tendría que llamarla para aclararle como son las cosas. No me va a manejar –dijo decidido, aunque no se creía la mitad de lo que estaba diciendo.

Así lo hizo, al instante, mientras recibía el apoyo, en su espalda, de sus amigos. Cuando la morocha lo atendió, solo le comunicó lo que le quería decir y le cortó, en ese lapso no supo porque lo hizo, supuso que era porque hasta el momento, estaba enojado, o algo parecido.

Apenas la vio venir, supo que, seguramente, tendrían una discusión. Mariana tenía su personalidad, y siempre sabía que contestarle. Peleaban seguido, pero Gastón daba la vida por ella. Advirtió que se acercaba, vio como dio la vuelta al auto, abrió la puerta del acompañante, ya que sus amigos estaban en el asiento trasero, y entró al vehículo.

-Hola hermoso –lo besó, sin advertir la presencia de Agustín y Victorio, que miraban extrañados, podría ser una nena, pero era muy cariñosa con sus amigos, así les había dicho el rubio, eran solo eso, amigos.

-Gastón, no me avisaste, que venías con gente –apenas terminó de besarlo, le reprochó, le daba vergüenza que pensarán cualquier cosa de ella y el rubio.

-Son mis amigos Lali. Creo que ya te conté de ellos, como a ellos les conté de vos –esa naturalidad poco común en Gastón, se hacía presente.

-Y… ¿Qué les contaste? –preguntó enarcando una ceja, Lali ya no estaba con la sonrisa de siempre.

-La verdad, que sos una amiga –sabía que se enojaría si les hubiera dicho otra cosa; por más que el beso que había ocurrido anteriormente, fuera prueba suficiente, para comprobar que no eran sólo amigos, a ella le molestaría.

-Mejor –al cabo de segundos dio media vuelta y se dirigió a los amigos de Gastón- Soy Mariana, me pueden decir Lali- había vuelto la chica simpática. Una de las cosas que lo enamoraba de ella, era su capacidad para cambiar de opinión en segundos, aunque no resultaba muy a menudo en sus peleas.

-Escuchamos mucho hablar de vos, me llamo Victorio, mucho gusto –hablaba mientras sonreía, esa sonrisa que derretía a cualquiera.

-Es un placer, ¿Te puedo llamar Vico?

-Por supuesto, así me llaman mis amigos.

-Hola, disculpá que Vico sea tan descortés de no dejar presentarme, soy Agustín.

-Hola Agus –era fácil entrar en confianza, con chicos tan simpáticos.

-¿Desde cuándo tanta amistad entre ustedes? –Gas no podía disimular, era obsesivo, y más con sus amigos cerca de su chica.

-Desde ahora –habló Lali con su manera más frecuente.

-Sí, como sea –dijo sin darle demasiada importancia- Chicos, ¿Se bajan? Tengo que hablar con Mariana… a solas.

-Como quieras –de inmediato Agustín y Victorio se bajaron del auto.

-Me caen bien tus amigos, son simpáticos.

-No cambies de tema, sabes de lo que te quiero hablar.

-No te entiendo, ¿Qué pasó ahora?

-Me parece que ya hablamos esto, si dormís conmigo, quiero que te despiertes conmigo –hablaba serio, sabía que ella le parecía una estupidez, pero a él le importaba.

-Otra vez con eso Gasti, ya te dije que… -quiso seguir, pero el rubio la interrumpió.
-Ya sé lo que me dijiste, y yo te dije, que para mí era así.

-No tengo ganas de pelear, en serio, mejor me voy –las palabras eran como baldazos de agua, que no quería recibir. Había tenido un mal día.

-Vos no te vas a ningún lado, ¿Qué te pensás? –aunque le costara aceptarlo, la trataba como si fuera una nena.

-Pienso que si quiero me voy, vos no me mandás.

-Por supuesto que no te mando, pero por lo menos tené la consideración de escucharme. Por lo menos fingí que te importo, como vos me importás a mí.
-No empieces con la cursilería, por favor.

-Me mentiste –afirmó dolido- recién llegás, no estuviste acá.

-Enserio. No querés, ni te interesa, saber donde estuve, confía en mí.

-Yo confío, pero siempre me fallás.

-¡Ay Gastón! No seas tan dramático.

-Andáte –le dolía demasiado que Mariana le hiciera eso, él la amaba y parecía que a ella ni le importaba. Ya no la miraba a los ojos, ahora sus ojos estaban en el frente.

-Antes me pedías que me quede, ahora que me vaya, no te entiendo.

-Soy yo el que no te entiende.

-A lo mejor es tu culpa, por meterte con una pendeja como yo –así dejo dicha su última palabra, se bajo del auto, dando un fuerte portazo, como era costumbre.
Gastón vio como se alejaba, ni se acordó de preguntarle por el buzo, eso no era tan importante en ese momento. Antes lo dudaba, creía que podrían haber existido otras posibilidades, pero en ese instante se había afirmado a sí mismo que Lali no lo amaba. El rubio era sólo un juguete para ella.

Ella caminaba demasiado decidida, sabía que no era para tanto, es más sabía perfectamente que no tendría por qué enojarse. Ella se enojaba por pavadas, pero él le planteaba pavadas. No tenía ganas de hablar con nadie, de ver a nadie, de estar sola, pero le resultaría imposible. Odiaba haberle fallado, pero no había podido cumplirlo, no había hecho realidad su pedido: “No me falles”.

-¿Qué pasó “hermoso”? ¿Te dejaron plantado? –los amigos de Gastón ya se subían al auto, junto a él, y el cachetón no podía evitar reírse de su amigo.

-Plantado, podado y regado. ¿Pueden creer que no le importó nada de nada?

-Por supuesto que podemos creerlo. Viste Agus esas ganas de decir “te lo dije”.

-Dejen de burlarse, me acabo de dar cuenta de que a Lali no le importó, ni un poco.

-No dramatices amigo, obvio que le importás, sólo que ahora le molestó esto que le planteaste. Vas ver que va estar todo bien, y si no lo está, hay muchos peces en el río –cuando quería, Agustín, intentaba ayudar a su amigo.

-Además –prosiguió Victorio- si querés te presento una amiga, que no te la olvidas por nada del mundo.

-Ya les dije, no quiero saber nada de minitas –Gastón ya había arrancado el coche, y en unos minutos ya estarían llegando a su casa.

-Enserio te digo, esta noche inauguran un boliche por acá cerca, podemos ir, así te olvidas de “la nena”, aunque sea por un rato –prosiguió Vico.

-Yo te apoyo, dale Gastón, no seas aburrido. Al fin y al cabo, a Lali la conociste en un boliche, ¿quién te dice? A lo mejor encontrás a alguna mejor –si había fiesta, Agustín, no se la perdía ni en broma.

-No creo que exista otra mejor. Y no soy aburrido.

-Probálo –dijo desafiante Agus.

Los miró por un segundo y no pudo seguir negándose.

-Ok, voy porque tengo ganas, no es para demostrarles algo, pero no les prometo nada.

Se pusieron de acuerdo, invitarían a Nicolás también. Gas y Vico no eran de salir demasiado, no porque no les gustara, sino por una falta de tiempo, al igual que la mayoría de sus amigos. Muchos estudiaban, los que no, ya se habían recibido, y se dedicaban a trabajar, durante toda la semana. Una buena definición para ellos era la de “chicos maduros”. Y Gastón representaba un verdadero antagonismo frente a la juventud y rebeldía de Mariana.

2 comentarios:

  1. hola! asi que subiras por aca? bueno por aqui estare entonces ya me lei los caps que me faltaban y esta muy buena .. espero los momentos de lali y pablin!! :)

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