
Era imposible no distraerse con sus amigos, Gastón se divertía mirando a cada “minita” que abordaba “El Cachetón”, como ellos lo llamaban a Agustín. Reía cada vez que Victorio retornaba a la barra, por otro; y muchos tragos más. Veía como Nico bailaba con una rubia que no llegaba a ver muy bien, pero que estaban demasiados entretenidos. Se sorprendía al verse el mismo, bailando con su propia rubia que, sin dudas, le había encantado tanto como a ella.
Mariana hizo una vista total al nuevo boliche, se notaba como todos se divertían; lo que todos no habían notado, todavía, que ella era la única que no había cumplido el requisito de la invitación… “Noche de negro”. Si había algo que se había propuesto, esa noche lo conseguiría. Abrirse paso entre la gente, no era tarea difícil, se giraban a verla, y ella lo disfrutaba. A ella le encantaba ser la única que había tomado como punto una “Noche de rojo”.
El rubio veía un gran montón de gente reunida en el centro de la pista, seguro era alguien que quería llamar la atención. No se alarmó demasiado, como tendría que haberlo hecho. Siguió en lo suyo con la rubia, que además de simpática, bailaba excesivamente bien.
Una enorme multitud la rodeaba. Era increíble, llamaba la atención de toda la gente del lugar, bailaba y a nadie le resultaba indiferente. Él la estaba observando, sus ojos no podían hacerla a un lado; su pelo lacio, sus piernas, y ese vestido rojo, que le quedaba a la perfección. Mareado por sus curvas, no podía evitar reír al escuchar a sus amigos gritarle y mirarla sin descaro. Quería verle la cara, oír su voz, sin embargo, ella se empeñaba a darle la espalda como si no deseara que viera su rostro. Era misteriosa, prohibida, y eso hacía que no desapareciera de la mente de Pablo ni por un segundo. Ahora, ¿Se iba? No conseguiría irse sin que antes el morocho viera su cara, la buscaba entre la gente, un trago en su mano le impedía correr; además del hecho de no querer parecer desesperado, como muchos de los que intentaron hacerlo.
A Lali le encantaba, sentía miles de miradas posadas en ella, no le asombraba para nada uno que otro grito que alcanzaba escuchar; estaba interesada en una mirada en especial, la de Pablo. Sabía que él la estaría mirando, buscando su cara, querría verla y ella no se la dejaría fácil. Aunque en el fondo quería que la viera y que la fuera a buscar, era su cuñado, y sólo quería divertirse. Decidió apartarse del centro de la pista; si quería, por ahora, que Pablo no la reconociera, llamar tanto la atención, no era la mejor forma de lograr su cometido.
Ahora se detenía, la había perdido de vista. No estaba en sus planes encontrarse con esa mujer, comerla con la mirada y buscarla desesperadamente. Ya que, últimamente, las cosas no habían salido de acuerdo al plan, y si quería arriesgarse, ella, era eso que estaba buscando.
No era eso que estaba viendo, no podía serlo; y sin embargo era. Gastón no podía equivocarse; Mariana se estaba por besar con un flaco, en el medio de la pista, que no conocía pero le resultaba muy familiar.
Segundos antes:
-¿Me buscabas? –Pablo escuchaba esa voz en su oído, era tan atrapante al igual que su cuerpo al verlo bailar. Por alguna extraña razón, ya no tenía que buscarla, ella estaba detrás suyo; estaba anhelando que ella le hablara, que lo fuera a buscar, y por alguna otra extraña razón, esto estaba pasando.
No le tomó, ni siquiera segundos, pensar y dar media vuelta para tomarla de la cintura, cosa que había deseado desde la primera vez que la había visto en el centro de la pista. Y no le tomó, ni siquiera segundos soltarla, no podía pasarle esto, de todas las mujeres del mundo que lucirían un vestido rojo, jamás creyó que la que mejor lo hiciera, sería Lali, “la petisita polvorita”; la persona con quien peor se llevaba.
-¿Qué hacés acá? –fue lo único que atinó a decir. Luego de que su sonrisa de ganador ya había desaparecido.
-Lo mismo que vos –hizo una pausa y volvió a hablar- ¿Por qué me agarraste de la cintura? ¿Me querías besar? –dijo acercándose a su cuerpo, a su boca, a sus labios; mientras sus manos rodeaban, ahora, la cintura de él.
Ella estaba demasiado cerca, no podía hacerlo, y sin embargo quería. Sentía ganas, pero el miedo lo corroía. Sus amigos se reirían, pero no iba a cometer el peor error de su vida. Rocío era su futura esposa, no la iba a lastimar, y mucho menos con la persona menos indicada, por más que tuviera todas las intenciones de hacerlo. Por ahora, no lo haría.
-¿Qué decís? ¿Qué te quería besar?... No tengo tan mal gusto –le estaba mintiendo, pero para sorpresa de Mariana, y de él mismo, no se alejaba de su cuerpo, de su cara, ni de sus labios.
-No sé, me pareció. A lo mejor me estoy confundiendo. Porque yo sí quería, y todavía quiero –ya no miraba sus ojos, ahora era el turno de su boca. ¿Qué estaba ocurriendo? ¿Qué era lo que estaba haciendo? Hace horas lo detestaba, ahora también lo hacía; más bien, detestaba sentir esas ganas de besarlo.
-Te estás confundiendo –hizo una pausa y tragó saliva- Definitivamente.
-Mariana, ¿me estás cargando? –gritaron desde un costado.
Sus ojos se abrieron de golpe, era esa voz, enojada, por supuesto. Seguramente, otra vez se sentía terrible; y no existía, en ese momento, otra cosa que le doliera más.
-Gasti, ¿cómo estás? –dijo la morocha, dibujando una sonrisa en su cara, y mirando por sobre su hombro al rubio- ¿Vos creíste que…? ¿… él y yo…? –respondió señalando, primero a Pablo y después a ella misma, seguido de una carcajada que nadie creyó. Al recorrer con su mirada la cara del rubio y sus brazos rodeando la cintura de Pablo se soltó inmediatamente.
-Yo no creo, veo.
-Ves mal, Gasti –era como si se hubiera olvidado de quien la acompañaba segundos antes; ahora se acercaba a Gastón para preguntarle- ¿Cómo estás?
-No demasiado bien, después de lo que vi –el rubio se encontraba cruzado de brazos, y su expresión no era de las mejores. La miraba de lado, no podía evitar ponerse celoso.
Ella no le respondió, sólo acarició su mejilla suavemente.
-¿Qué significa esto? –preguntó extrañado.
-¿Se te pasó el enojo de ésta mañana? A mí, sí –lo interrogó de manera divertida mientras acariciaba su pelo, luego su nuca y cuello, después de esbozar una pequeña sonrisa.
-Algo así. No me quedó otra.
-¿Por qué? –preguntó riendo, sin sacar la mano de su cuello.
-¿Quién era ese? –ya había ignorado su pregunta anterior, no podía disimular las intenciones de averiguar quién era la persona que estaba junto a ella y que se había alejado cuando Lali se acercó a él.
-Es Pablo –la simpleza y honestidad de Lali, sorprendió a Gastón, que ya la miraba con cara de indignación. Ella rió y terminó de hablar-, mi cuñado.
-¿Te tengo que creer? –preguntó receloso.
Ella respondió con otra de las tantas sonrisas que le había regalado; y le continuó regalando pasada la madrugada. Simplemente después, lo besó.
nooo muy lindo el cap... me gusta como Lali provoco a Pablo!!! Cada vez mjor esta la nove!!! Espero pronto otro cap...!!!
ResponderEliminarBESOS Y Q ESTES BIEN!!!
Listo ... Nuevo cap... ♥ Gracias por pasar... :)
EliminarHola!!! recien puedo leer tu cap y no te sientas mal que empezas las clases yo estoy igual hoy fue el primer dia y estoy muerta ya quiero vacaciones jajajajjaj
ResponderEliminarno pasaba por tu blog porque pensaba que no subiste me tenes que avisar :p asi paso naa la novela esta genial!!!
me gusto que lali la encarara ahora lo que no entiendo es a pablo osea nunca se pudo negar a ella que se viene hacer el difícil y muchos menos se iba ir cuando apareció gaston que le pasa a este pablo! jaajajjaj
bueno espero que en los próximo cap su reacción sea difrente!!!
esta muy buena la nove anto!!! seguilaa
besos!!!!
jessy
Provocacion,provocacion,los vuelve locos con tan solo mirarlos,y ellos se dejan felices,se les pasa enseguida ,cualquier enojo.Quiero mas fiesta ,y cuando regresen a casa ,Pablo y Lali,solos,x Dios k Rocio,no vuelva hasta otro dia.Me encanta!.
ResponderEliminarYa leí tu coment en el nuevo cap... Cuando suba el próximo te contesto... ♥ Gracias por pasar... ☻
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